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Opinión
domingo 5 de junio de 2016, 01:00

Nuestra democracia y la demagogia

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende
Por Alberto Acosta Garbarino

Durante la semana pasada, tuve la oportunidad de leer una revista paraguaya de comienzos de la década de los noventa, y en la misma encontré entrevistas a varios líderes políticos de nuestro país de aquella época.

Algunos habían sido opositores al régimen de Stroessner que sufrieron torturas y exilios y otros habían sido oficialistas que colaboraron y se enriquecieron con la dictadura.

Pero a pesar de ese pasado tan terrible, me impresionó leer lo que decían y, principalmente, sentir el espíritu de perdón, de reconciliación y de construcción de una patria nueva, que todos tenían.

También durante la semana pasada, tuve la oportunidad de escuchar la grabación de un discurso pronunciado recientemente por Nicanor Duarte Frutos en el interior de nuestro país.

Me impresionó muy negativamente el tono y el contenido de dicho discurso; un tono exaltado, descontrolado y burlón, y un contenido cargado de ofensas, división y confrontación.

Al comparar el discurso de nuestros políticos de la década de los noventa con los discursos que hoy se escuchan, podemos ver claramente el deterioro de nuestra democracia en estos 27 años.

De un ambiente de unión de voluntades para construir una república y una democracia que permita el desarrollo económico y social de nuestro país, pasamos a un torneo de ataques al adversario y de promesas demagógicas, que solamente pueden llevarnos a la pobreza y a la confrontación social.

Este deterioro de la calidad de una democracia ya la había estudiado Aristóteles hace más de dos mil años, cuando dividía a los sistemas de gobierno en dos grandes ejes: por un lado, por la cantidad de gobernantes y por el otro, por la calidad de los mismos.

En la cantidad, decía Aristóteles, podemos tener el gobierno de una sola persona que es la monarquía, el gobierno de unos pocos que es la aristocracia y el gobierno de todos que es la democracia.

En la calidad, según Aristóteles, los tres tipos de gobiernos mencionados anteriormente podían ser buenos o malos.

El gobierno de uno si era bueno era una monarquía y si era malo era una tiranía; el gobierno de unos pocos si era bueno era una aristocracia y si era malo era una oligarquía; y el gobierno de todos si era bueno era una democracia y si era malo era una demagogia.

Siguiendo esta clasificación de Aristóteles, el Paraguay pasó en 1989 de una tiranía de 35 años a una democracia, que lleva 27 años de vida, pero que año tras año se ha ido degenerando en una demagogia y en una anarquía.

Nuestra democracia que nació con tantas expectativas se ha ido deteriorando por causa de muchos males que le han aquejado.

Un mal ha sido la demagogia y el populismo como medio para ganar votos; otro mal ha sido la cooptación del narcotráfico en el financiamiento político; y el tercer mal ha sido la corrupción como medio de enriquecimiento de la clase política.

Demagogia, narcotráfico y corrupción son los tres males que han atacado a nuestra democracia y que han hecho metástasis en amplios sectores de nuestro cuerpo social.

Todo este deterioro se ha ido dando de a poco, año tras año, ante la mirada indiferente de muchas personas buenas y educadas y ante la complacencia de otras, que se han beneficiado económica y socialmente con la situación.

El deterioro de nuestra democracia es muy profundo y escuchando el discurso de Nicanor Duarte Frutos, podemos pronosticar sin temor a equivocarnos, que si no existe un cambio en nuestra sociedad, solamente se irá deteriorando cada vez más.

Para concluir, recordemos las palabras de Martín Luther King cuando decía: "No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena".