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Opinión
domingo 27 de noviembre de 2016, 01:00

Mafia

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Un extraño regusto a fracaso democrático recorrió las entrañas de los buenos ciudadanos cuando se confirmó la noticia de que los familiares de Félix Urbieta —secuestrado en el Norte del país— fueron a la cárcel a conversar con Jarvis Pavão para que gestione su libertad. No es la primera vez que se establece una directa conexión con el narcotráfico en los asuntos irresueltos en esa parte de la República y la sensación de estar viviendo en un Estado fallido se apoderó de todos.

Es asumir que en esa región no funcionan las instituciones. Nadie cree que la Policía, los militares, jueces, fiscales, intendentes, concejales, gobernadores y otra forma de representación del Estado puedan responder a los reclamos ciudadanos. La familia Urbieta habrá sentido esa profunda frustración para dirigirse a la cárcel junto a un condenado por narcotráfico para que le resuelva el drama. En un comunicado, los del EPP se encargaron de decir que no tienen nada que ver con Pavão, desde el Estado nadie dijo algo que nos permitiera entender que vivimos bajo el imperio de la ley. Todos sintieron que estamos en manos de la mafia.

Esta antigua institución conformada en paralelo al Estado y que goza de muy buena salud no solo en su país de origen, Italia, sino en varias partes del mundo, nació justamente cuando el gobierno había fracasado en hacer lo que debiera. Su nacimiento es todavía más noble. Era un grupo de ciudadanos reunidos para repeler al invasor de sus tierra, de ahí que la palabra significa: (m) morte (a) al (f) franchise (i) Italia (a) anhela. ( muerte a los franceses, Italia anhela). Luego del objetivo cumplido y en paralelo a la ausencia del Estado se encargó de todo. Desde matar a quien no pagara el impuesto a los mafiosos, el que se metía en negocios que no debía, el que traficaba, secuestraba o mataba sin orden de arriba hasta incluso permitir la invasión norteamericana por el sur de Italia a cambio de pingües negocios en América. Todo lo que debería hacer el Estado se encargaron los mafiosos, incluida la seguridad social, el manejo de la basura, ah..., y la indemnización a las viudas. Con este ritmo estamos sentando un peligroso precedente en el Paraguay. Empieza con una cuestión focalizada en el Norte para luego extenderse a toda la República sin capacidad de responder como se debiera a una organización que maneja el dinero, las armas y tiene el monopolio de la fuerza y la violencia. Hoy tenemos varios secuestrados cuyos familiares comenzarán a desfilar por las oficinas de Pavão para que este haga lo que el Estado es incapaz de hacer. Es probable que aún no lo pueda hacer con la eficacia que los desesperados familiares requieren, pero claramente se instaló entre muchos que el Estado es incapaz de resolver el drama personal de cada uno de ellos.

Este hecho es gravísimo. Si antes se afirmaba que la combinación de pobreza, ausencia del Estado, guerrilla, narcotráfico, abigeato y violencia era la base operativa del EPP, con esta visita de los Urbieta ha quedado plenamente confirmado. La gente tiene miedo, está frustrada y ya no le importa quién sea, con tal que le resuelvan el problema. El magistral Puzo en su obra El padrino retrata muy bien al inicio del libro, el poder y la capacidad operativa de la mafia en un territorio abandonado por el Estado. Para la literatura es un gran gancho, para la República es haber adjurado de un mandato popular y asumir desde el gobierno el fracaso en administrar el problema.

La mafia campea con todo en su versión criolla y por el Trópico de Capricornio bordea un cáncer que puede hacer metástasis en toda la República.