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Interior
miércoles 19 de julio de 2017, 01:00

La precariedad reina en el albergue indígena de CDE

Nancy Méndez

CIUDAD DEL ESTE

El albergue indígena Tesãi Róga que recibe a familiares de los pacientes internados en el Hospital Regional de Ciudad del Este, se encuentra en pésimas condiciones. Necesita trabajos de plomería, no cuentan con un lugar donde cocinar las comidas, el lavadero tampoco funciona y las conexiones eléctricas fallan. “Acá recibimos a los enfermos, a los que ya tienen alta o que deben esperar camas en el hospital, ellos quedan aquí de 3 a 15 días, tenemos lugar para 10 personas”, afirma Agustina Vera, una de las encargadas del refugio, quien agregó “las necesidades son muchas, porque no tenemos frazadas, sábanas. También nos faltan alimentos”.

Comentó que siempre las 10 camas están ocupadas y el local está hace más de 13 años al servicio de los indígenas. Anteriormente unas monjas eran las que cuidaban el local, donado a la Asociación de Indígenas del Alto Paraná por un sacerdote. En el refugio vienen indígenas de varios puntos del 10° departamento.

Hace un tiempo atrás recibieron de donación una heladera y una cocina a gas, pero no cuentan con la garrafa.

NECESIDADES. María Celia Benítez, de la comunidad Arroyo Guasu de Minga Porá, es una de las tantas personas que están en el albergue, ella está actualmente estudiando la carrera de Enfermería en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNE y promete que cuando termine la carrera ayudará en su comunidad a sus compañeros indígenas.

“Lo que duele es que muchos indígenas son discriminados en el Centro de Salud, a veces estamos 3 a 4 días sin recibir atención y nuestra meta es si alguna vez ocupamos un lugar, hacernos cargo nosotros de nuestros compañeros. Este lugar ayuda en algo por lo menos para que no se quede la gente en la intemperie, pero hay muchas necesidades, los baños no tienen cisternas y ni siquiera conexión con el tanque de agua”, afirma María Celia.

La universitaria comenta que un grupo de estudiantes de Medicina están con el proyecto de pintar las habitaciones que ya presentan un aspecto muy dejado.

“Con los vecinos nos solemos organizar para poder asistir a los niños que en la mayoría de los casos están con piques o piojos, solemos llevar un poco de pancho o chocolates, pero no es suficiente”, afirmó un voluntario.