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Nacional
sábado 24 de junio de 2017, 11:27

Guadalupe Acosta: "La verdad siempre sale a la luz. Por eso, señor presidente, no le tengo miedo"

Guadalupe Acosta Barriocanal, hija de los comunicadores Óscar y Menchi, se dirigió mediante una carta al presidente Horacio Cartes, luego de que el mandatario pidiera el encarcelamiento de sus padres.

"4 años atrás, el día en que usted fue electo, me internaba en un sanatorio por un problema de salud que hasta hoy acarreo. Mis padres se encontraban haciendo su trabajo desde hacía incontables horas, cubriendo el proceso electoral manteniendo a la gente informada", inicia la carta de Guadalupe Acosta, dirigida a Horacio Cartes, quien pidió que sus padres fueran recluidos en la cárcel de Emboscada.

Cartes acusó a sus padres de incitar a la violencia durante los hechos registrados el 31 de marzo de este año.

Recordemos que el 31 de marzo pasado, 25 senadores cartistas, llanistas y luguistas sesionaron irregularmente y aprobaron el proyecto de enmienda para la reelección del presidente Horacio Cartes, lo que provocó que un grupo de manifestantes tomaran el Congreso Nacional.

"Mis padres ejercen el oficio del periodismo. El de verdad. Y para llegar a donde llegaron, pasaron hambre, incertidumbre y golpes muy pero muy duros. Duros como aquellos de la cachiporra de un policía stronista en el brazo a papá hasta dejarlo morado o como las veces que lo metieron a prisión por 'perturbar la paz pública y la libertad de las personas'. Dura como la vida de mamá, que también fue perseguida , viviendo bajo las amenazas de mafiosos, criminales furiosos por exponer sus negocios y que juraron destruir lo que más amaba: su familia", menciona una parte del escrito.

A continuación la carta completa:

Presidente Cartes: no te tengo miedo

4 años atrás, el día en que usted fue electo, me internaba en un sanatorio por un problema de salud que hasta hoy acarreo. Mis padres se encontraban haciendo su trabajo desde hacía incontables horas, cubriendo el proceso electoral manteniendo a la gente informada.

Yo ya no era una niña, estaba a meses de cumplir 18 años. Me encontraba en casa, aguantando el malestar para que mis papás pudieran acercarme al médico una vez que finalizaran sus deberes, pero el dolor fue tan fuerte que finalmente recurrí a mi hermano mayor para que el me llevara a recibir la atención que necesitaba.

No les conté nada. Horas después fue mi familia la que les dijo que ya había ingresado a una sala. Mis papás siguieron sin soltar el micrófono. En la pausa discutieron preocupados, porque para ellos es importante tanto la salud, como hacer bien su trabajo.

Finalmente mi mamá dejó el estudio, mi papá le dijo que la alcanzaba en un rato y vino a verme, no sin antes colocar en su Twitter que por motivos familiares no podía continuar con la transmisión.

Verá usted, crecí con ese ejemplo toda la vida. El ejemplo de personas que se levantan todas las mañanas para traer a la mesa comida. Personas que nunca nos negaron todo lo que tuviera que ver con formación y educación, porque ellos mismos insistían en que debemos prepararnos para lograr cambiar tantas injustas realidades que existen en este hermoso País.

Mis padres ejercen el oficio del periodismo. El de verdad. Y para llegar a donde llegaron, pasaron hambre, incertidumbre y golpes muy pero muy duros. Duros como aquellos de la cachiporra de un policía stronista en el brazo a papá hasta dejarlo morado o como las veces que lo metieron a prisión por "perturbar la paz pública y la libertad de las personas". Dura como la vida de mamá, que también fue perseguida , viviendo bajo las amenazas de mafiosos, criminales furiosos por exponer sus negocios y que juraron destruir lo que más amaba: su familia.

Crecí, señor presidente, bajo constantes amenazas de muerte y persecución. Son incontables las ocasiones en las que, al salir del colegio, encontraba a papá al frente, junto con una escolta policial detrás. Perdí la cuenta de las veces en que me pidió que mantuviera una distancia entre mi auto y los de adelante y atrás, por si me apretaran, para que pudiera salir corriendo. Y a pesar de todo me siento afortunada porque, para tener lo que tuve, esa infancia y juventud feliz, mis padres solo tuvieron que trabajar duro y limpiamente.

Me siento feliz porque a pesar de que nunca me faltó un plato de comida en la mesa, cuando tuve la osadía de quejarme, estuvieron allí dos personas que me recordaron las tremendas desigualdades que vivimos y que aprecie aquello que tuve y tengo.

Me siento bien, porque hoy trabajo y estudio, siguiendo el ejemplo de estos dos increíbles seres humanos. Consiguiendo méritos por mi propia cuenta, muy a pesar de que ello moleste. Me siento contenta conmigo misma porque a pesar de los miedos de mi familia a que algo me suceda, estuve en cada marcha y protesta que pude, tomando de la mano al que menos tiene, porque creo que toda persona merece las mismas oportunidades que aquellos que no tuvimos más que fortuna en una especie de lotería biológica y estoy convencida de que quiero formar parte de cada lucha social, como lo hicieron en su juventud mis padres y como lo hacen ahora, construyendo ciudadanía desde el periodismo.

Porque ser periodista es decir la verdad pero no solamente narrar una noticia, es cumplir con el deber de informar y opinar, dar herramientas a las personas para que sepan cuáles son sus derechos. Ser periodista requiere saber que a veces la opinión molesta a los que no quieren soltar el bastón del poder y atentan contra las libertades.

Creo en la justicia, creo que es necesario que algunos caigamos para que otros sean libres, creo en la excelencia de aquellos que trabajan diariamente por dar lo mejor de si mismos y por eso mismo creo en esta última frase: la verdad, siempre sale a la luz.

Por eso, señor presidente, no le tengo miedo.

Guadalupe Acosta Barriocanal