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Opinión
lunes 24 de julio de 2017, 01:00

Estacionar en Asunción

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres Mercado

Hace dieciséis años que vivo en el centro de Asunción. En todo este tiempo he sido testigo de muchos cambios en la ciudad. Ahora la novedad es la pintura fresca en el asfalto que indica el espacio exacto que un automóvil puede ocupar y así pagar la nueva tarifa por estacionar que Parxin prepara para nosotros junto con la Comuna. Es gracioso, porque hace como un par de años que no consigo un espacio para estacionar frente a mi casa en horario diurno. Así que pagaré por estacionar a cuadras de mi casa.

Sentirse estafado es una condición ya casi natural del asunceno promedio. Cuando uno paga el altísimo impuesto inmobiliario por vivir en el centro, no puede menos que verse víctima de un gran embaucamiento. La pregunta surge inmediatamente cuando se conduce por las destruidas calles o se camina por las derruidas veredas: ¿Qué hacen con todo el dinero que pagamos?

Solo un ejemplo. Ya han pasado buenos meses desde que se inauguró la remodelación de la Escalinata Antequera, pero ya empieza a mostrar de vuelta signos de abandono. El olor a orina en el lado de Tacuary en realidad nunca se fue. Al menos sigue prestando el servicio de baño público nuestro tradicional monumento.

Asunción no logra convertirse en una ciudad hospitalaria, donde sea agradable transitar, sino todo lo contrario. Incluso va perdiendo paulatinamente el verde de sus plazas, lugares donde podía respirarse cierto aire fresco y descansar. A su innegable avance en cuanto a negocios corporativos y espacios culturales como cafés, debe aún lograr el que en sus calles se transmita seguridad y comodidad.

El potencial cultural existe. El centro asunceno sigue siendo el sitio con mayor oferta artística, pues la zona de Villa Morra solo le compite en salas de cine y bares temáticos, pero en el resto de la movida artística todavía se mantiene una cierta hegemonía. También el centro es otra vez lugar de encuentro para aquellos que buscan un lugar donde comer o pasar un rato entretenido, lo que es una prueba de lo necesario que se hace para el asunceno que su ciudad le provea de ciertos servicios. Pero la relación entre lo que se paga a la Comuna por tales beneficios y lo que se recibe, en realidad, hace que cualquier intento de recaudar más se mire con total desconfianza.

Si la rescisión del contrato con Parxin se vuelve una realidad, como la Contraloría lo está sugiriendo, se habrá tomado una sabia decisión. El ánimo para pagar más impuestos no se encenderá mientras no se vean resultados. No se trata de un rechazo al pago de tributos por mero capricho, sino al derecho de exigir la retribución que eso implica y que Asunción debe a sus habitantes desde mucho tiempo atrás.