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Sucesos
martes 2 de mayo de 2017, 02:00

“El pyrague estaba en la base de la pirámide represiva del stronismo”

Informaciones recogidas por delatores fueron claves para la represión a opositores y disconformes con la dictadura, advierten. Caso de Ortiz Téllez muestra cómo un pyrague podía escalar en la sociedad.

Desde un vecino que casualmente era amigo del presidente de seccional del barrio, hasta un policía o militar infiltrado en algún grupo civil, el pyrague fue la base sobre la cual la dictadura de Alfredo Stroessner montó su aparato represivo durante décadas.

Actualmente, el Archivo del Horror guarda una lista de 500 informantes del gobierno. Hasta ahora, por acuerdo de los encargados de la custodia de los documentos de la policía stronista, no se dan a conocer los nombres

"Muchos investigadores sobre el periodo stronista consideran que el pyrague fue una de las bases de la pirámide represiva del régimen. (...) había varios niveles de pyrague", explicó Federico Tatter, investigador de la Comisión Verdad y Justicia, al tiempo de señalar que militares, policías y el propio Ministerio del Interior contaban con sus propios informantes.

"El stronismo desestructuró el Estado paraguayo existente previo a 1954 y lo fue construyendo a su imagen y semejanza. De allí es que instaló al pyrague, dio trabajos dentro del funcionariado público, siempre y cuando respondieran a un lineamiento de ubicar contreras, personas disconformes con el régimen", dijo Tatter y agregó: "El pyraguereato no fue algo tan simple, sino que era un sistema de delación que permitía al régimen mantenerse informado de lo que personas no afines al gobierno hacían, como médicos, abogados, profesionales. Eran siempre seguidos por el régimen, incluso si no tenían militancia política opositora", añadió el investigador.

CUALQUIERA. El periodista e historiador Bernardo Neri Farina indicó que muchas veces el pyrague podía ser un taxista, una empleada doméstica, un peluquero o cualquier persona que respondiese a algún policía, ministro o funcionario. La recompensa por ser un delator ocasional podía ser económica o alguna ventaja.

"El Ministerio del Interior daba a ciertos personajes una especie de carné de agente confidencial, que le permitía al personaje entrar a la cancha o tener pasaje gratis o entrar gratis a algún espectáculo. De ahí viene un contrasentido: Se suponía que el pyrague era un agente secreto, pero mostraba su credencial a todo el mundo porque le daba prerrogativas, el tipo se ufanaba de eso", comentó Farina.

"Si alguien quería sacarte algo, tu terreno, tu casa o hasta tu esposa, te acusaban de comunista y te hacían la vida imposible. No se acusaba a cualquiera, sino a alguien que se perseguía o cuyo bien se perseguía. Había un sentido utilitario de la denuncia, por una cuestión política o una animadversión", reflexionó.

Por otro lado, Farina mencionó que hoy se sabe que embajadores, estudiantes universitarios y profesionales de todo tipo eran delatores. "Hoy ves honorables demócratas que antes fueron defensores de la dictadura", advirtió el autor del libro El último Supremo: la crónica de Alfredo Stroessner.


De informante pasó a cónsul

Federico Tatter remarcó que uno de los pyrague más calificados del stronismo fue Francisco Ortiz Téllez. "Fue presidente de seccional en Barrero Grande, ahora Eusebio Ayala. Ortiz Téllez monitoreó a las Ligas Agrarias Cristianas y tuvo problemas con la Iglesia", relató Tatter.

Contó que la dirigencia colorada quería que los catequistas sean del Partido Colorado. Ante la negativa, una patota colorada asaltó la iglesia y el cura fue echado de la ciudad. "En ese tiempo asume como arzobispo Ismael Rolón y temporalmente excomulga a toda la dirigencia de la seccional colorada local", narró Tatter.

Finalmente, por sus trabajos como informante, Ortiz Téllez fue nombrado cónsul paraguayo en Posadas en 1971 y se convirtió en un emisario entre los sistemas de inteligencia militar argentino y paraguayo. Fue condenado por la desaparición de Agustín Goiburú.