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miércoles 18 de diciembre de 2013, 12:09

El Pato Donald sale a cazar guerrilleros

Por Andrés Colmán Gutiérrez
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Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

El guionista y productor norteamericano Walt Disney nunca habrá pensado que uno de sus más célebres personajes de caricaturas, Donald Duck, o el Pato Donald –creado en 1931–, se convertiría en una popular metáfora política, cuya mención a menudo ocasionaría fricciones y polémicas en un lejano y pequeño país, llamado Paraguay.

El primero que lo instaló en el imaginario colectivo de la política criolla fue el fallecido caudillo colorado y vicepresidente asesinado en marzo de 1999, Luis María Argaña, cuando durante la campaña electoral de 1998 disparó una de sus más célebres frases: "El colorado siempre vota a un colorado, aunque el candidato sea el Pato Donald".

Desde entonces, nuestros mejores humoristas gráficos no se cansaron de hacer chistes con el caricaturesco pato luciendo un pañuelo rojo al cuello, en lugar de su clásico trajecito de marinero.

La certera metáfora de Argaña se volvió a aplicar en los inicios de la campaña electoral rumbo al 2012, cuando un acaudalado empresario outsider, -que hasta entonces no había estado afiliado al coloradismo, ni a ningún otro partido, y ni siquiera había estado inscripto en el registro electoral- se presentó como el salvador que iba a rescatar al partido de la llanura, buscando devolverlo al poder tras haber sido desalojado de allí por un ex obispo, también outsider, en el 2008.

Varios dirigentes tradicionales de la ANR  identificaron entonces a Horacio Cartes como "el nuevo Pato Donald", aunque probablemente se parecía más a otro personaje de Disney, el millonario Scrooge McDuck, o Rico McPato, tío de Donald, más conocido en el mundo hispano como El Tío Rico.

En estos últimos días, el palmípedo Donald ha vuelto sorpresivamente al tapete, cuando se filtró la información de que un acaudalado empresario y directivo de un banco que pertenece al grupo de empresas del actual presidente de la República, Horacio Cartes, había participado secretamente de operaciones tácticas de combate contra el grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), acompañando a un equipo comando dirigido por el director de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), Luis Alberto Rojas.

      Pato Donald 1.jpg

Un frustrado operativo, en busca del EPP.

La versión es que el presidente del Banco Amambay, Hugo Portillo Sosa, participó en el operativo de intento de captura de un supuesto integrante del EPP, el pasado 17 de setiembre, en la zona de Carapa'i, distrito de Capitán Bado, en la frontera del Departamento Amambay con San Pedro.

En aquella oportunidad, un presunto "error de planificación" permitió que se escape Néstor Martínez (primo hermano del fallecido ex miembro del EPP, Severiano Martínez), de una vivienda en donde se cree se hallaban además los hermanos Alfredo y Albino Ramón Jara Larrea, también considerados miembros del grupo armado. Néstor Martínez fue muerto a tiros días después por guardias de una estancia en San Pedro, presuntamente en momentos de robar ganado, sin que se haya confirmado plenamente su pertenencia al EPP.

En su momento, Luis Rojas dijo que el fracaso de la operación en Carapa'i, se debió al retraso en llegar al lugar, debido a que los vehículos se empantanaron. La otra versión divulgada, sin embargo, es que el grupo táctico que dirigía Rojas, acompañado del banquero Hugo Portillo, atropelló una vivienda equivocada, alertando a los pobladores de la incursión, lo cual permitió que Martínez y sus presuntos acompañantes puedan huir.

Tras aquel fallido operativo, el comisario Antonio Gamarra, director de la Segunda Zona Policial y principal jefe policial en la lucha contra el EPP en el Norte, durante una reunión evaluativa le cuestionó a Luis Rojas quién era Hugo Portillo y qué hacía un civil participando de operaciones tácticas. Según personas que presenciaron la discusión, Rojas contestó que Portillo era un asesor técnico de la Senad, y que él (Rojas) decidía libremente a quienes dejar participar en sus operativos.

      Grupos militares en la lucha contra el EPP

El pato Donald y un banquero aficionado a las armas.

Tuvo que pasar casi dos meses para que salga a luz el dato de la presencia del banquero Hugo Portillo en las acciones operativas contra el EPP.

La versión saltó primero en una serie de tuits del periodista Chiqui Avalos, quien aseguró que militares reclamaban por la "intromisión de civiles en planes contra el EPP".

La "presencia de un operador bancario causó rechazo en la operación", adelantó Chiqui, para luego revelar que "el presidente del Banco Amambay, Hugo Portillo, apareció con chaleco antibalas y armado para participar".

Ávalos, veterano periodista, autor del polémico libro "La otra cara de HC", sostuvo que Hugo Portillo fue a "sumarse al grupo para ejecutar la operación, por orden de HC, lo que causó la oposición de los militares y un fuerte disgusto".   

El periodista dijo que su información la obtuvo directamente de fuentes militares. Posteriormente reveló que quien le pasó el dato fue el controvertido ex agente de la Senad, Miguel Angel Berni, quien falleció el pasado 8 de diciembre.

La información también fue publicada inicialmente por el sitio web alternativo E'a, sugiriendo que el alto ejecutivo del grupo empresarial del presidente Horacio Cartes habría pagado sumas de dinero para que se le permita participar en una especie de "safari humano".

Portillo es presentado en el reportaje como un empresario aficionado a las armas, a quién le gusta realizar ejercicios de "tiro práctico" (disciplina de tiro deportivo, en la cual el tirador debe disparar a diversos blancos en el menor tiempo posible).

La descripción fue suficiente para que muchos imaginen una situación parecida a la que narra la película Surviving the Game, (traducido indistintamente como Sobreviviendo al juego o Cacería Sangrienta), del director norteamericano Ernest R. Dickerson, protagonizada por Ice-T, Rutger Hauer y Gary Busey, en donde millonarios pagan para participar de cacerías de seres humanos en los bosques del Canadá.

El fin de semana, el director de la Senad, Luis Rojas, salió airadamente al paso de las versiones, desmintiendo "categóricamente" que civil alguno haya formado parte de acciones tácticas contra el EPP, y menos que haya pagado sumas de dinero para hacerlo. Comprendiendo claramente de donde habían surgido las filtraciones de datos, cuestionó a los miembros de la policía.

"Me gustaría invitar al mismo Pato Donald para que haga las incursiones (contra el EPP), él creo que tendrá mayores resultados de los que se tienen con estos policías", planteó Rojas. Otra vez, el Pato Donald.

Pero apenas algunas horas después, en la mañana del lunes 16, Rojas tuvo que desmentirse a sí mismo, y salir a admitir que el banquero Hugo Portillo sí había participado de operativos tácticos. Lo hizo luego de que más datos fueran revelados, y de que el propio ministro del Interior, Francisco de Vargas, había admitido de que la versión filtrada por la policía, y que ya era abordada por todos los medios de comunicación, era real.


      LUIS ROJAS.jpg
Foto: Carlos Benitez

Una situación que no es de dibujos animados.

En la polémica desatada -que se inició como una simple versión tuitera y se instaló como noticia central, en la primera plana de los diarios- hay más datos de interés en lo mucho que no se dice, que en lo poco que se reconoce abiertamente.

Por detrás de la aparente rivalidad entre el principal jefe policial de la lucha contra el EPP en el Norte, comisario Antonio Gamarra, y el director de la Senad, Luis Rojas, sobre la manera de llevar adelante las acciones contra el grupo armado –con evidentes intereses de otros personajes, como el ministro del Interior y algunos jefes militares–, existen cuestiones inquietantes para el actual proceso democrático, como la manera en que personas de civil, que son parte del entorno empresarial del presidente de la República, Horacio Cartes, se inmiscuyen directa y secretamente en cuestiones de Estado, con acciones que pueden estar reñidas con la legalidad.

¿Qué hace el directivo de un Banco del grupo empresarial del presidente, asesorando a fuerzas de seguridad estatales en la lucha contra un grupo armado, perseguido por la Justicia? ¿Quién le autoriza al Pato Donald para que salga a cazar a supuestos guerrilleros? ¿Hasta dónde un mandatario puede mezclar cuestiones de sus empresas privadas con cuestiones de Estado?

Lo más inquietantes es que, aún con todas las estrategias –las conocidas y las desconocidas-, con asesores privados o internacionales, con leyes modificadas y con intervención militar, con los superpoderes presidenciales y con las acciones que pueden ser cuestionadas como ilegales, con denuncias de violaciones de derechos humanos y todo lo demás... el actual Gobierno –al igual que todos los anteriores-, sigue sin arrojar resultados efectivos en la lucha contra el grupo armado llamado EPP, así como contra la pobreza y el subdesarrollo en la región Norte del país. Parece que ni el Pato Donald le ha podido ayudar mucho en esto.



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