20 de agosto
Domingo
Parcialmente nublado
21°
Lunes
Parcialmente nublado
21°
Martes
Despejado
17°
26°
Miércoles
Despejado
23°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
sábado 22 de abril de 2017, 02:00

El hombre solo

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

Solo, el hombre reflexionó durante los días santos. El proceso de discernimiento lo llevó a recordar cada uno de los sucesos que jalonaron la larga crisis política. Estaba solo, como suele ocurrir cuando los presidentes toman una determinación importante. En verdad, demasiado solo. Cuando lo tuvo claro, redactó la carta en la que anunciaba su desistimiento a seguir pretendiendo la reelección. Su destinatario era algo inexplicable: el arzobispo de Asunción. No comentó nada a ningún político. Quizás haya pensado que fueron ellos los que lo llevaron torpemente a este callejón sin salida. Acababa de tomar una resolución prudente.

Por eso el lunes pasado la noticia cayó como un rayo en un día soleado. Era el final inesperado de una convulsionada saga de discusiones jurídicas y manifestaciones callejeras. La sensación de alivio general solo fue ensombrecida por los adoquines obtusos que vienen asesorando al presidente. Estos, con cara desencajada, llamaron inmediatamente a una conferencia de prensa en la que aseguraron que la búsqueda de la enmienda prosigue, pese a la renuncia del presidente. La consecuencia fue previsible; la comunicación presidencial perdió el efecto buscado y se diluyó en rumores de todo tipo.

El martes a la noche había dos concentraciones en el centro de Asunción. Los colorados pro enmienda se reunían en su local partidario y los antienmienda en la Plaza de Armas. Ambas habían sido convocadas antes de conocerse el anuncio presidencial. En ambas reinaba un clima confuso. La reunión de la ANR era una mezcla de festejo de cumpleaños con velorio. Oradores y animadores intentaban insuflar alegría y entusiasmo a una masa más bien apática. Para entonces el presidente había recobrado su incoherencia. En un discurso vehemente afirmaba que había decidido irse, pero juraba que se quedaba.

Los liberales antienmienda, que sí tenían motivos para celebrar, se dejaron llevar por una desconfianza cercana a la paranoia. Es que entre los antecedentes de mentiras presidenciales y la conferencia de prensa en la que lo contradecían había más temor de ser engañados que sensación de victoria.

En los días siguientes empezó a quedar en claro que, pese a las desprolijidades y a que todavía no se sepa qué tipo de exequias le darán al proyecto de enmienda, el culebrón está terminando. Insistir con el mismo sería una locura con efectos colaterales terribles. Este fin de semana, en todos los sectores del espectro político nacional, hay gente preguntándose "¿y ahora qué?".

Va a ser simpático observar los intentos de unir los fragmentos rotos en todos los partidos. No habrá demasiado síndrome del pato cojo. El hombre no será reelecto, pero elegirá muchos nombres en las listas. Seguirá siendo amado por aquellos preferidos por el dedo filantrópico que financia campañas. No tiene derecho a quejarse. Ha llegado muy lejos. Y acaba de tomar una de las decisiones más inteligentes de su vida.