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domingo 25 de diciembre de 2016, 01:00

Cartes cierra el año obligando a sus adversarios a dormir con el ojo abierto

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Villalba

El 2016 se despide con un escenario de crispación por el resucitado plan de reelección del presidente Horacio Cartes, cuya indefinición deja en el limbo los proyectos electorales de todos los partidos políticos.

En esta pulseada política, donde la oposición unida en el Senado (ANR/abdista, la izquierda y partes del PLRA) dieron una formidable batalla al Poder Ejecutivo. Sin embargo, esa exitosa alianza se va desdibujando al punto de la incertidumbre por las ambiciones y los reposicionamientos.

Y quizá sea esta una de las victorias políticas del presidente en los estertores del 2016. Si bien no puede cantar victoria completa porque la reelección sigue en la virtualidad, el debate sobre un nuevo proyecto de enmienda logró aliados inesperados como el Frente Guasu y el sector llanista del PLRA, generando división y desconfianza entre los aliados. "Divide y vencerás".

PULSEADA. Este año fue otro en el que el Senado fue escenario de una alianza duradera entre un sector colorado y los partidos opositores. Cartes, como ningún otro presidente, logró en sus primeros dos años la venia del Parlamento en polémicos temas que le dieron poderes extraordinarios, como la militarización del Norte para luchar contra el EPP o la ley de Alianza Público Privada. Pero se convirtieron en su cruz por el fracaso en la gestión en ambos temas. Su decisión de controlar en forma absoluta el partido le valió una resistencia liderada por Mario Abdo Benítez, que oxigenada con el apoyo de la oposición, se convirtió en su peor enemigo. Lejos de buscar el diálogo o el consenso, ajustó las tuercas y logró el control del aparato partidario. La última convención fue la coronación de su estilo de hacer política con el polémico bautizo del ministro liberal de Hacienda, Santiago Peña, y el linchamiento público del otro ministro liberal, Francisco De Vargas, y el castigo para quienes se opongan a sus proyectos en el Congreso.

Hoy su objetivo es la reelección y en esa empresa están concentradas todas sus energías.

PLRA ENTRAMPADO. El liberalismo vive sus horas más difíciles porque no depende de sí mismo para escribir su historia. Está preso de Fernando Lugo. Efraín Alegre logró una importante victoria al ganar la presidencia del PLRA desde donde pretende consolidar su candidatura presidencial. Pero su sobreactuada política de Torquemada le está costando caro porque Blas Llano no es un adversario que se doma con castigos ni amenazas. Efraín quiere liderar la candidatura presidencial en alianza con Lugo. Llano, desplazado del poder partidario con el estigma de colaboracionista del Gobierno, está moviendo la estantería con su giro a favor de la enmienda bajo el argumento de habilitar a Lugo, a quien pretende entregar nuevamente los destinos del PLRA.

LUGOCENTRISMO. La izquierda, y especialmente el Frente Guasu, también está en su hora crítica. Sabe que sin la candidatura presidencial del ex obispo no tiene mucha chance. Por eso insiste con habilitarlo judicialmente, con delirantes giros semánticos constitucionales, que ya rebotó en el TSJE. Ahora su futuro político queda en manos de la Corte Suprema. Y esta incertidumbre es el mejor escenario para el oficialismo que busca lograr la reelección con los votos del FG y del llanismo. Pero este delicado paso no se animan a dar aún porque siguen analizando los costos políticos. Además, el llanismo exige una promesa de sangre: un acuerdo cerrado de cara al 2018. El FG duda sobre dos temas: apoyar la reelección de Cartes y aliarse con sus verdugos. Menuda contradicción histórica.

En tanto, otro sector de la izquierda como Alianza País/PMas espera la definición, porque la candidatura del intendente capitalino Mario Ferreiro está en estado de alerta si no sale la reelección.

CARTOCENTRISMO. El panorama político está pendiente de la definición de la reelección. En la ANR este efecto es más fuerte aún. Mario Abdo es sin lugar a dudas uno de los precandidatos presidenciales, pero el oficialismo está en problemas si no sale la reelección. Cartes no podrá repetir la fórmula Alliana esta vez. Una candidatura presidencial exige un perfil de mayor peso porque no basta con ganar las internas. La sombra de Nicanor sobrevuela en el ambiente. Le recuerdan que Blanca Ovelar se impuso en la interna pero perdió las nacionales en el 2008. Varios factores influyeron en la caída de la ANR, pero una de ellas fue imponer una candidatura que fracturó el partido.

En el oficialismo hay guerra de baja intensidad. No todos están alineados con la reelección. En agosto, cuando el Senado rechazó la enmienda, muchos plancharon traje de candidato: Riera, Leite, Hugo Velázquez, Luis Castiglioni, Zacarías Irún. Ahora que Cartes recuperó el aliento, se replegaron a regañadientes.

En la Cámara de Diputados sobretodo hubo movimiento inusual. Velázquez ya tiene equipos prestos para trabajar si la reelección no se aprueba.

La amenaza de la enmienda sobrevuela el ambiente y la pulseada se da en todos los niveles. Incluso a nivel internacional. Como en la época de los 90 cuando los cuartelazos eran la amenaza constante, ambos bandos fueron a denunciarse mutuamente ante los embajadores. El cartismo fue a denunciar dolo de la oposición y la disidencia un intento de quiebre constitucional. Como siempre, los diplomáticos no emitieron sonido, pero quedaron preocupados con el escenario de violencia que anuncian los antireelección.

2017. Los primeros meses del año estarán marcados a fuego por el debate de la reelección. La decisión política marcará el derrotero político y abre un panorama de incertidumbre para todos porque los involucrados saben que aprobar la enmienda no solo rompe reglas constitucionales, sino provocará cismas en las tres fuerzas. No hay vuelta atrás.

Por eso, en medio de este río revuelto, Cartes cierra el año con ganancias. Sobrevivió a la muerte decretada en el Senado en agosto gracias al oxígeno de la izquierda y del llanismo con promesa de votos. Con este aliento recuperó liderazgo en Honor Colorado que se iba desbandando lentamente.

Es cierto, no ganó aún el partido, pero se recuperó y metió mano haciendo temblar el tablero obligando a los disidentes a dormir con un ojo abierto.