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Nacional
martes 16 de agosto de 2016, 12:42

Así murió Stroessner hace 10 años

El 16 de agosto de 2006, el general Alfredo Stroessner murió en Brasilia, tras una penosa agonía. El periodista de ÚLTIMA HORA que cubrió en vivo la historia narra cómo fueron las últimas horas y el sepelio del ex dictador paraguayo.
Por Andrés Colmán Gutiérrez | Twitter: @andrescolman

A las 11.32 -hora de Brasil- del día miércoles 16 de agosto de 2006, me encontraba escribiendo un reporte en el Hotel das Nações, en Brasilia, cuando sonó mi teléfono celular.

Desde el otro lado, una voz dijo: "Acabou de acontecer, ele ya se foi (Acabó de suceder, él ya se fue)".

Era una persona con la que había hecho amistad en días anteriores, en el Hospital Santa Luzía, donde el ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner permanecía internado en grave estado a los 93 años de edad, y con quién habíamos acordado esa breve y precisa forma de avisar si Stroessner llagaba a fallecer, para vencer el férreo cerco informativo que la familia había puesto alrededor.

Rápidamente, con el camarógrafo Rufino Recalde, de Telefuturo, los dos periodistas paraguayos que habíamos llegado primero a Brasilia el domingo 13 de agosto, logrando la primicia sobre la agonía del ex dictador, saltamos a un taxi y nos dirigimos al hospital.

Los demás colegas paraguayos, que habían llegado después (Francisca Pereira, de La Nación, y Rolando Rodi, de la RPC) habían salido a filmar la mansión de Stroessner al otro lado de la ciudad y no había forma de comunicarles la noticia.

Mientras viajábamos a toda velocidad, con una llamada les pasé el dato a los colegas Guido y Jamil, de la agencia Reuters, devolviendo la gentileza por la valiosa ayuda que nos habían brindado para nuestro trabajo en Brasilia. En pocos minutos, eran los primeros en dar la noticia al mundo.

En el hospital, la asesora de prensa Vera Morgado se quedó sorprendida cuando le pregunté desde el teléfono en la recepción si podía confirmar oficialmente la noticia de que Stroessner acababa de fallecer. "Sí, es verdad, pero ¿cómo te enteraste tan rápido? Aún no le avisamos a nadie", exclamó.

Me sentí tentado a decirle: "Un ángel me avisó".

Crónica de una muerte en la distancia

Este texto forma parte de la crónica que escribí ese día para Última Hora, desde la capital de Brasil:

Pequeño, esquelético, reducido a apenas 45 kilos de peso, vencido por las enfermedades y el paso del tiempo, el ex dictador Alfredo Stroessner murió a las 11.20 de la mañana, hora brasileña (a las 10.20 en Paraguay).

Su deceso se produjo en el Hospital Santa Luzia de Brasilia, a unos 2.000 kilómetros de Asunción, luego de 17 años sin pisar su tierra natal, de la que tuvo que salir forzadamente el 5 de febrero de 1989, luego de ser derrocado del poder en la madrugada del 3 de febrero.

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Encerrado desde hace 19 días en la aséptica isla médica de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Santa Luzia, rodeado apenas por algunos de sus familiares más cercanos y protegido del asedio de la prensa por guardias militares, la vida del ex hombre fuerte paraguayo se apagó súbitamente cuando su débil corazón dejó de resistir.

Un punto en la pantalla del monitor dejó de titilar y se convirtió en una larga línea luminosa. El bip bip de los aparatos se interrumpió y se convirtió en un solo sonido alargado, provocando la corrida de médicos y enfermeras.

"Lo sometimos a un tratamiento de reanimación, pero ya no respondió. Alfreso Stroessner falleció de un shock séptico, como consecuencia de las complicaciones posquirúrgicas, que derivaron en una neumonía y provocaron su muerte", informó el doctor Sergio Namura, director clínico del Hospital.

Alfredo "Goli" Stroessner Domínguez, considerado el nieto favorito del ex dictador, fue el único miembro de la familia que aceptó hablar con los periodistas a su salida del Hospital, dos horas después del fallecimiento de su abuelo.

Requerido acerca de si el ex gobernante había mostrado arrepentimiento por los crímenes de los que se acusaba, respondió: "Arrepentimiento, ninguno. Él actuó en su tiempo, conforme a los cánones de la Guerra Fría, a lo que la política mundial mandaba en aquel entonces. Hoy nosotros valoramos la democracia que viven nuestros países y la vamos a proteger y defender, pero el general Stroessner actuó según los cánones de un mundo diferente. La historia y el pueblo paraguayo sabrán juzgarlo en su debido momento".

El último adiós al patriarca

Apenas una treintena de personas, entre los familiares más cercanos y algunos pocos amigos, le dieron el último adiós al hombre que alguna vez fue todopoderoso y gobernó el Paraguay con mano de hierro, consumiendo sus últimos 18 años de vida en el exilio, mientras se apagaba lentamente bajo los embates de las enfermedades, el paso del tiempo y la jugosa soledad.

No hubo celebraciones fastuosas ni multitudes en las calles, como en los funerales del general dictador de la novela El otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez.

El velorio se realizó a puertas cerradas, en estricta ceremonia privada, y poco menos de veinte vehículos, de los cuales la mitad eran de medios de prensa, conformaron el cortejo fúnebre que partió alrededor de las 16.00 desde la casa 8, Conjunto 5, del barrio Lago Sul, y cruzó las ardientes autopistas de Brasilia, en una desolada marcha final.

Vestido con un traje azul y corbata roja, con el símbolo del Partido Colorado en la solapa, el disminuido cuerpo del viejo general fue depositado en un ataúd cubierto por una bandera paraguaya y otra del Partido Colorado, el mismo que seguía gobernando el Paraguay y que no le ha rendido honores a su viejo caudillo.

A las 16.35 el ataúd fue alzado a pulso por su hijo mayor y compañero del exilio, Gustavo Stroessner, junto a otras personas, para recorrer a pie aproximadamente 100 metros hasta una fosa sencilla en la cuadra 701 del Campo de la Esperanza.

Su nieto Diego Domínguez Stroessner, su ex colaborador Darío Filártiga y el viejo caudillo colorado Luis Schupp fueron los oradores, antes de que el sacerdote brasileño Abdón Guimaráes impartiera la oración final y el cajón empezara a bajar a la fosa, entre lágrimas y exclamaciones de pena de sus familiares.

Y eso fue todo. Sin haberse animado a enfrentar los procesos judiciales pendientes en su país por crímenes contra la humanidad, violaciones de derechos humanos y enriquecimiento ilícito, el que alguna vez fue el todopoderoso patriarca del Paraguay, que decidía sobre la vida y la muerte, el hombre al que algunos reivindican como un gobernante que trajo paz y progreso, y otros como el dictador más sangriento que conoció la nación guaraní, Alfredo Stroessner Matiauda dejó de existir físicamente a la edad de 93 años y fue devuelto al seno de la tierra, en un frío y polvoriento cementerio brasileño, lejos de su tierra y de su antigua gloria.

¿Descansará en paz?