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Opinión
viernes 9 de septiembre de 2016, 01:00

A contramano

Por Wendy Marton – En TW @WendyMarton
Por Wendy Marton

Bajo el argumento de que se busca proteger el medioambiente, el Poder Ejecutivo decidió elevar el arancel para la importación de vehículos usados. Asimismo, sostiene que esta medida no es fiscalista, ya que los importadores y vendedores de autos de segunda mano se verán obligados a incrementar el precio de los vehículos y con ello habrá menor comercialización de rodados, lo que a su vez hará mermar la cantidad de automotores en circulación.

Una ecuación que sería perfecta si en el país funcionara adecuadamente el sistema de transporte público y si las calles estuviesen en buen estado.

Para tener mayor peso y lograr la aceptación popular de esta medida, el Ministerio de Hacienda divulgó un informe a través del cual revela que entre los años 2014 y 2015 los importadores de usados declararon ventas por USD 478 millones, pero solo tributaron efectivamente USD 1,1 millones.

Más allá de que los controles deben ser rigurosos para todos los sectores y que todos deberían tributar lo que corresponde, el problema principal no es cuánto tributan o cuánto contaminan, sino la falta de un plan nacional de transporte público.

La mayoría de las personas –si no todas– que adquieren vehículos de segunda mano o motocicletas lo hacen por la falta de un adecuado sistema de transporte público. Además de ser deficiente, porque no todas las unidades del transporte público fueron renovadas, no existe un sistema de transporte que funcione las 24 horas.

Otro problema es que tampoco se conoce un plan de renovación de ómnibus que no sean diferenciales; es decir, que el precio del pasaje abonado sea inferior y que esté pensado para las clases económicas menos favorecidas.

Si el Gobierno tiene un plan integral de transporte público, este es el momento no solo de socializarlo, sino además de comenzar a ejecutarlo. Mejorar el nivel de vida no pasa por empezar desde atrás: haciendo prohibitivo primero adquirir un auto y luego mejorar el sistema de transporte público.

Paraguay necesita con urgencia un sistema de tren aéreo, uno subterráneo y uno de ómnibus en buen estado que provean un servicio todo el tiempo, sea de día o de noche, llueva o no. Solo así se logrará descongestionar el tráfico y volverlo más ordenado. A la par, el Gobierno precisa trabajar con los municipios para que las calles y veredas estén en buen estado; hacer carriles exclusivos para automóviles, motocicletas y bicicletas, y brindarnos el servicio que merecemos.