El sepelio se realizó en el Cementerio Futuro, ubicado sobre la ruta Luque-San Bernardino, donde el sacerdote salesiano encontró su morada final.
El ingreso del féretro estuvo acompañado por una banda de trompetistas, mientras los fieles portaban banderines con la inscripción “Alegría, alegría”, una frase que Zanardini repetía al iniciar cada celebración y que se convirtió en sello de su mensaje pastoral.
José Zanardini falleció a los 83 años en la madrugada del lunes último, en la parroquia salesiana Domingo Savio de Fernando de la Mora.
Su partida generó una profunda conmoción en el ámbito religioso, académico, social e indígena, espacios en los que desarrolló una trayectoria de más de cuatro décadas en Paraguay.
Durante la despedida, no solo estuvieron presentes familiares y miembros de la feligresía, sino también referentes de la comunidad Ayoreo, pueblo con el que Zanardini mantuvo un vínculo estrecho desde sus primeros años en el país.
Zanardini no fue solo un intelectual, sino una persona profundamente humana, solidaria y comprometida con los más vulnerables. “Dio voz a los que no tenían voz, sobre todo a los indígenas”, destacaron.
En el emotivo último adiós miembros de la Villa Don Bosco de Limpio, parte de la comunidad creada a partir de la donación de tierras de la familia Zanardini, recordaron su promesa de asistir a la fiesta patronal el 30 de este mes, y con esto reforzaron su compromiso de seguir como comunidad: “Hoy estamos acá y no llegaste a acompañarnos a la fiesta patronal, pero te vamos a recordar siempre todos los días, acá te lloramos y en el cielo te recibieron los ángeles”.
Los pobladores llegaron en tres autobuses con un cartel que describía su legado en ellos: “Nos diste casa, dignidad y comunidad. Descansá con Dios”.
De origen italiano, nacido en Brescia, Lombardía, José Zanardini se formó inicialmente como ingeniero químico y civil en el Politécnico de Milán.
Más tarde estudió Filosofía y Teología, y ya en Paraguay y Europa completó su formación con un doctorado en Antropología Social en Londres. Residió en el país más de 40 años, dedicando su vida a los pueblos indígenas.