14 ago 2026

“Yo el Supremo” como parodia cervantina y reflexión sobre el lenguaje

Explorar “Yo el Supremo” como una parodia de corte cervantino y que usa el tema del poder para reflexionar sobre el lenguaje, un español rico y exuberante, es lo que propone el escritor Juan Manuel Marcos para acercarse a la obra maestra de Augusto Roa Bastos, quien este mes habría cumplido cien años.

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Yo el Supremo, la obra más representativa de Augusto Roa Bastos | rae.es

EFE

“Es una obra humorística y divertida, pese a ser árida”, dijo a Efe Marcos, de quien se ha vuelto a editar su imprescindible “Roa Bastos, precursor del Postboom”, publicada en México en 1983 y que recoge tres ensayos sobre la obra del más universal de los novelistas de Paraguay.

Marcos parte de la hipótesis de que Roa Bastos quiso “reprobar” los libros sobre la historia de Paraguay que algunos autores locales escribieron sin sustento científico e influidos por su propia subjetividad.

Para ello eligió como protagonista al dictador Gaspar Rodríguez de Francia (1816-1840), para unos un déspota cruel y para otros el estadista que mantuvo intacta la soberanía de Paraguay frente a las ambiciones de los países vecinos.

“‘Yo el Supremo’ se disfraza de libro histórico con menciones a historiadores reales. Es una parodia de los libros frívolos sobre la historia de Paraguay. Tiene una actitud paródica”, dijo Marcos, autor de “El invierno de Gunter”, una de las novelas clave de la narrativa paraguaya.

Marcos sostiene que esa actitud está en la línea de El Quijote, donde las novelas de caballerías son objeto de parodia por parte de Cervantes y a la vez le sirven para sembrar de humor una obra que critica a los sectores poderosos de la época.

En ese sentido, Marcos incluye a “Yo el Supremo” en la órbita de la teoría del especialista ruso Mijail Bajtín, que definió a El Quijote como una de las novelas más carnavalesca de la historia.

Además, y contra la idea generalizada de que “Yo el Supremo” es una reflexión sobre el poder, encarnado en el “dictador supremo” de Paraguay, Marcos defiende que ello es una excusa para ahondar en el peso del lenguaje, que en la novela es una selva inagotable.

“Es una reflexión muy profunda en torno al lenguaje, utiliza la excusa del poder para indagar en el lenguaje, en sus posibilidades y en sus relaciones con el poder”, dijo Marcos.

En ese sentido, destaca unos recursos “exhuberantes” en los que Roa Bastos se valió de juegos de palabras, onomatopeyas y la eliminación de las comas, que no están en el título de la novela, como correspondería, y que le sirven para reflexionar sobre “lo objetivo y lo subjetivo del lenguaje”.

Además, resalta la polifonía de voces de “Yo el Supremo”, influida por William Faulkner y por Juan Rulfo, a quien Roa Bastos admiraba y de quien este año también se celebra el centenario de su nacimiento.

“Rulfo concibió Pedro Páramo como un fluir de voces, eso inspiró a Roa Bastos a concebir su novela como un monólogo póstumo del Supremo. Póstumo porque se instala en la conciencia de Rodríguez de Francia cuando está muerto y recuerda el pasado, el presente y el futuro, con citas a la Guerra del Chaco”, señaló.

Para Marcos, tanto Roa Bastos como el novelista mexicano se alejan de los escritores enmarcados dentro del fenómeno del “boom” como García Márquez o Vargas Llosa, que según el autor del ensayo estaban influidos por el “narcisismo” de Jorge Luis Borges.

“En Rulfo y Roa Bastos desaparece la voz del autor, es una actitud de humildad y diferente frente al narcisismo del boom”, aseveró Marcos.

En uno de los tres ensayos que componen el libro de Marcos, se establece una estrategia textual de “Yo el Supremo”, en la que se invita a leer los capítulos en un orden no numérico y atender a las secuencias transversales que van apareciendo.

“Es una especie de brújula para una obra muy compleja”, dijo.

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