La sorpresiva resolución del Senado, declarando vacantes los cargos de siete ministros de la Corte Suprema de Justicia, constituye la más grave guerra política desatada entre poderes del Estado en el Paraguay, en lo que va del siglo XXI, y abre un panorama incierto y peligroso para la institucionalidad democrática, me aseguraba con tono grave y angustiado, el jueves a la noche un querido amigo, a quien considero uno de los más apasionados y rigurosos analistas de nuestra realidad mediterránea.
Admito que la apocalíptica visión me dejó algo consternado. Pero otra destacada colega, a quien también acostumbro consultar las veces que me superan los macondianos acontecimientos de nuestra política criolla, me aseguró con gesto displicente que la arremetida de los legisladores líbero-luguistas-oviedistas-patriaqueridistas no era más que puro fuego de artificio, “un disparo de cañón con pólvora mojada”, y que muy pronto todo se va a quedar otra vez en la nada.
Con la confusión a cuestas, quise salir a ver cómo percibe el ciudadano común la presunta crisis política que acapara la tapa de los diarios y los principales espacios periodísticos de la radio, la televisión y los sitios web de noticias... pero para el primer grupo de personas, a quienes encontré debatiendo en una cafetería, no había otro tema más dramático que la eliminación de Olimpia de la Copa Libertadores de América.
En eso estaba, palpando el sentir de la calle, cuando el televisor encendido mostró imágenes del presidente de la República subiendo a un avión para viajar al Caribe colombiano, pero el reportero dijo que antes se le iba a requerir su opinión sobre “la grave crisis de poderes”. ¡Al fin alguien nos iba a ilustrar sobre lo ocurrido, y quien mejor que el Primer Mandatario! Entonces Lugo, haciendo gala de su proverbial sentido del humor, espetó a los periodistas: "¿Crisis...? ¿Qué crisis?”.
Así que... nada. A los amigos lectores que por las redes sociales me preguntan sobre el presunto golpe del Senado contra la Corte, les digo que no estoy ni en contra, ni a favor, sino todo lo contrario. Me encanta que a unos cuantos señores y a una señora que se consideran los dueños de la más injusta Justicia en el Paraguay -y que ya han auto-sentenciado de que son “inamovibles” en sus cargos hasta los 75 años de edad-, al fin se les mueva el piso, aunque sea un poquito.
Pero, qué quieren, a los que están por detrás de toda esta movida también se les nota mucho la hilacha. Justo ahora, en plena época preelectoral, se ponen de acuerdo todos juntitos, tirios y troyanos.
En fin, alquilemos balcones... y veamos.