05 abr. 2026

Vivir de la informalidad

En perspectiva - golmedo@uhora.com.py

Creo que sería difícil encontrar un país con índices tan elevados de informalidad y falta de control como Paraguay. Aquí gran cantidad de vehículos circulan sin placa o con alguna hecha de acrílico y personalizadas con la tipografía a elección del propietario. A esto cabe mencionar la facilidad para conseguir un registro de conductor o circular sin chapa o entre 4 personas en una motocicleta, así como la posibilidad que se tiene de obtener un título universitario participando de una clase semanal, de 4 horas los días sábado.

Y en estos últimos meses presenciamos uno de los aspectos más visibles de esta cultura de la informalidad que caracteriza a nuestro país. Nos referimos a la comercialización masiva y alevosa de productos de contrabando, principalmente alimenticios y de limpieza, en esquinas, veredas, colectivos y almacenes de barrios a precios muy ventajosos. En Paraguay también es fácil movilizarse utilizando combustible “más barato” introducido de contrabando u ordeñado de barcazas.

Aquí somos capaces de consumir -y dar a nuestros hijos- alimentos sin control, posiblemente adulterados y expuestos a 40° a pleno sol, sin ningún tipo de temor y análisis. Tampoco dudamos en adquirir productos con este origen, siempre y cuando sean baratos. Se trata de una cultura fuertemente empotrada entre y en nosotros, y resulta de un círculo que cuesta quebrar. Lo informal y sus “beneficios” están a mano y en cada rincón.

Pero la informalidad, así como el contrabando y sus ramificaciones, tienen un sustento importante en la incapacidad de las instituciones de cumplir con su papel contralor, y en la corrupción instalada entre jueces, policías e inspectores, quienes por beneficios económicos terminan optando por el silencio y la “sordera"; al final, el país y la sociedad importan muy poco. Un empresario denunciaba recientemente que el MIC tiene atribuciones de ingresar incluso en los supermercados para verificar el origen de los productos, pero no lo hace. Así como tampoco se intervienen o controlan los grandes depósitos en ciudades fronterizas.

Y aquí está claro que los altos índices de pobreza y desempleo alientan el trabajo y el comercio subterráneo de manera inevitable. Paraguay necesita salir de este círculo destructivo de la informalidad, y ello solo será posible atacando la pobreza, creando empleos, fortaleciendo la educación e instalando una nueva mentalidad; una que valore más la dignidad que el dinero, y que reconozca la necesidad de ser serios y competentes en el puesto en que sea.