Por un lado, se cuestiona a las fuerzas de seguridad que matan a los cabecillas de un grupo criminal que reivindica el camino del asesinato, el robo y la manipulación de personas para fines poco claros. Por otro lado, se cuestiona al sistema político y económico que también permite el asesinato, el robo y la manipulación para fines poco claros.
La verdad, esa correspondencia con la realidad, para muchos analistas se diluye en un “todo depende” continuo, persistente y difícil de contrarrestar con certezas.
Pero las certezas son necesarias. Veamos la violencia en grado de atrocidad causada por el autodenominado Estado Islámico en Francia, Siria y otros sitios, cuyos líderes, varios de ellos, crecieron y se educaron en la parsimoniosa Europa.
La primera ministra alemana Merkel y el audaz Putin desde Rusia hablan de redoblar la apuesta por la propia identidad cultural para enfrentar ideológicamente a los que invaden sus naciones. ¡Certezas!, al final el hombre necesita de aquellas verdades universales e inquebrantables que sostienen las relaciones humanas más bellas y fructíferas.
¿Y con nosotros qué sucede? Que mientras los del otro lado del mundo ya están aprendiendo a fuerza de golpes a volver a sus raíces con respeto para hacer frente a la BARBARIDAD, aquello propio de los bárbaros, que odian todo lo civilizado y libre; nosotros estamos recibiendo verdaderos bombardeos de mensajes contradictorios sobre la “apertura mental” que mucha gente considera sinónimo de relativismo moral.
Nos dicen que debemos aprender a ser tolerantes (¿será que no lo somos realmente?), como si esto significara aceptar todo tipo de conducta. Nos enseñan a partir de la duda, a usar ese criterio “todo depende” como forma de enfrentar la realidad. Esto implica omitir, pasar por alto y hasta negar aquello que la experiencia acumulada de humanidad, llamada tradición cultural, nos hereda.
Y con modas educativo-culturales relativistas se impone una violencia silenciosa, sutil, que acalla el sentido común. ¡Esto es lo que falló en Europa! ¿Y nosotros debemos implementarlo porque nos lo dicen los “expertos”? No lo comprendo. Lo que debemos hacer es todo lo contrario. Leer con más detenimiento el signo de estos tiempos y aprovechar lo valioso de nuestra cultura genuina que aprecia el bien hacer, el trabajo, la solidaridad, la vida de todos, la familia, los hijos, la educación integral y respetuosa.
Gente, no nos dejemos violentar. Hagamos un esfuerzo y sacudámonos de las teorías fracasadas que violentan en nombre de la no violencia, seamos más auténticos y prevengamos la verdadera violencia que significa quedarse sin identidad, manipulables y serviles.