Vendedor parlantero: El mercado en la puerta de tu casa

El molesto grito que rompe la quietud y los tímpanos, también soluciona el drama de muchas amas de casa, que no pueden salir a hacer compras. Conozcamos el día a día de un popular personaje del folklore urbano asunceno.

Por Andrés Colmán Gutiérrez  - Twitter: @andrescolman

 

-¡Señora ama de casa...! ¡Hay cebolla, locote, zanahoria, lechuga, cebollita, perejil, papa, mandioca, pera, mandarina, manzana y banana...!

El grito amplificado por la bocina metálica resuena con un eco estruendoso por las calles del populoso barrio Obrero de Asunción.

El pintoresco carro, tirado por un poco entusiasta caballo, va recorriendo cuadra por cuadra sobre el empedrado.

A su paso salen hombres y mujeres de aspecto hogareño, provistos de bolsas y canastos, en busca del alimento del día.

-¿Tu lechuga pa está fresquita, hina? -pregunta Ña Marta, una anciana de sonrisa luminosa y caminar encorvado.

-Si abuelita, yo traigo las verduras que llegaron directo al Mercado de Abasto. Esta madrugada nomás luego arrancaron de la huerta. Mirá un poco, tocá...  -responde Carlos Salazar, mientras exhibe las verdes hojas humedecidas ante la mirada escrutadora de su clienta.

Una muchacha adolescente se trepa ágilmente al pescante del carro para inspeccionar las cajas de mandarinas lustrosas y elegir personalmente las más apetitosas.

-Tomá, che reina. Cargá en esta bolsa las frutas que vos quieras y vamos a pesar –le dice Carlos, sin dejar de atender los requerimientos de Ña Marta.

Varios otros vecinos se han acercado. En pocos minutos, un improvisado mercado popular despacha en medio de la cuadra, junto a la vereda, mientras el caballo aprovecha para mordisquear el pasto de la vereda.

 

Los macateros, una institución

 

Macatero es una palabra que no figura en el diccionario, pero que se utiliza desde hace tiempo en Paraguay para denominar a los vendedores ambulantes que recorren el país, de pueblo en pueblo, llevando diversos tipos de mercaderías, de puerta en puerta.

El diccionario libre, en internet (diccionariolibre.com), lo define como "palabra guaraní que significa venta móvil o ambulante. Se dedica al macate. Es frase bilingüe".

Varias versiones indican que es una derivación de la palabra Mascate o Mascat, la mayor ciudad y capital del sultanato de Omán, en el Medio Oriente. A principios del siglo veinte, varios extranjeros que se dedicaban al comercio ambulante en el interior del Paraguay eran principalmente árabes, y algunos que se hicieron muy conocidos, procedían de la lejana Mascate, eran "mascateros". La distorsión del gentilicio habría resultado en que se aplique el nombre a todos los que se dedican a vender casa por casa.

Existe incluso una conocida canción, "Macatero", compuesta por José Antonio Galeano y Carlos Noguera, que narra las aventuras de los vendedores que van de puerto en puerto. Antes viajaban a caballo o en barcos. Ahora van principalmente en camionetas y en motos, llevando sus productos a cuestas. Y en los sectores urbanos han optado por los carritos tirados por caballos y por el parlante.

"Nosotros somos los macateros de los barrios", define Carlos Salazar a su estirpe de "vendedores parlanteros".

Una bocina de parlante, con un pequeño amplificador y un micrófono, alimentado por una batería de automóvil, les sirve para llamar la atención de sus clientes.

Como si todos hubiesen ido a la misma escuela, tienen el mismo estilo y hasta tono de voz, de metálico pregón, ya sea para anunciar las cosas que venden (principalmente frutas, verduras, churas o menudencias, pero también muebles, ropas o hamacas), como las que compran (baterías viejas, televisores, cubiertas, muebles, aire acondicionado).

"A muchos les molesta que tengamos caballos, pero yo no sabría andar sin mi viejo y fiel compañero", dice Carlos Salazar, quien estima que hay unos 400 vendedores parlanteros, con carritos tirados por caballo, deambulando por los barrios periféricos de Asunción.

 

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