Editorial

Valorar el legado de un sabio y defensor de la lengua guaraní

El sacerdote jesuita, antropólogo, estudioso y defensor de la lengua guaraní y de los derechos de los pueblos indígenas del Paraguay, el pa’i Bartomeu Melià, ha fallecido el día de ayer. Deja un extraordinario legado cultural así como un testimonio humano invalorable, por su lucha en favor de la libertad y la dignidad humanas. Había sido expulsado del Paraguay durante la dictadura stronista, pero regresó tras el derrocamiento del régimen, y se quedó para siempre, entregando su sabiduría y su bondad sin condiciones. Paraguay lo va a extrañar, por sus aportes y porque con su cotidiana labor hizo posible que los paraguayos pudiéramos encontrarnos a nosotros mismos en nuestras lenguas indígenas.

“Soy hombre de selva, pero también ratón de biblioteca”, había dicho en una entrevista al diario español El País Bartomeu Melià, el sacerdote jesuita, antropólogo, estudioso y defensor de la lengua guaraní y de los derechos de los pueblos indígenas del Paraguay, en una expresión que sin duda lo retrata suficientemente al gran sabio que nos ha dejado ayer.

Bartomeu Melià Lliteras, el antropólogo y lingüista, había nacido en Porreres, Baleares, España, el 7 de diciembre de 1932. Llegó a nuestro país en el año 1954, y aquí se inició en el estudio de la lengua y la cultura guaraní con el padre Antonio Guasch.

Doctor en lingüismo por la Universidad de Estrasburgo, Francia, en 1969 obtuvo un doctorado con la tesis: La creación de un lenguaje cristiano en las misiones de los guaraníes en el Paraguay; fue discípulo y colaborador de León Cadogan; y profesor de etnografía y cultura guaraní en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción.

Melià fue presidente del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica, y director de las revistas Suplemento Antropológico y Estudios Paraguayos, hasta el año 1976, cuando tuvo que salir del país.

El jesuita fue expulsado por la dictadura de Alfredo Stroessner, junto con otros 10 sacerdotes, en el año 1976; cuando denunciaron la masacre y exterminio de los ache-guayaki. “Los guaraníes siempre han buscado las mejores tierras para instalarse. Eso les hace blanco de muchos acosos. Nos dimos cuenta entonces de que en mitad de la selva estaban abriendo vías. Hoy son lugares donde existen grandes plantaciones de soja”, decía en la entrevista.

De los tiempos de la expulsión de los jesuitas se sabe que el dictador Alfredo Stroessner pagaba 70.000 guaraníes por cada indígena muerto. Melià suscribió una recopilación con los datos sobre la masacre; y el informe tuvo importante repercusión, tanto que el presidente norteamericano Jimmy Carter exigió al Gobierno de Paraguay una aclaración del presunto genocidio.

La respuesta del dictador no se hizo esperar mucho: dijo que el genocidio era un invento, y procedió a expulsar del país a los denunciantes, entre ellos, Melià.

Sobre aquellos días, comentaba el jesuita: “Se inventaron que pertenecíamos a la línea Moscú, ¡yo todavía quiero que alguien me explique lo que era tal cosa!”. Fue expulsado del país en 1977.

Tras su expulsión, y después de una breve temporada en Roma, Melià volvió a Sudamérica y se estableció en Brasil, donde convivió con los indígenas enawene-nawé en el estado de Mato Grosso do Sul.

Regresó al Paraguay en 1989, después de 15 años, junto con otros jesuitas expulsados. Aquí alternó sus trabajos de campo entre los guaraníes; con investigaciones en etnohistoria y en etnolingüística; y desde su regreso no dejó de trabajar por la causa indígena, la lengua y la cultura paraguaya.

Escribió más de 30 libros y publicó una incontable cantidad de artículos e investigaciones, sus trabajos de investigación son reconocidos en todo el mundo y es un valioso legado para el Paraguay.

Aguije, pa’i Melià.

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