En su opinión, la Policía aún mantiene prácticas de la época de la dictadura de Alfredo Stroessner, que hace que ensucien el trabajo de los uniformados. “Se rigen más por las prácticas en las comisarías que por la Constitución y las leyes”, señaló refiriéndose a hechos de tortura que se dan con detenidos, desde la patrullera y cuando entran al calabozo a la espera de estar a disposición de la Fiscalía.
“Cuando vemos una ejecución, como lo que pasó en Ciudad del Este, nos escandalizamos porque son casos extremos, pero a diario se dan muchos casos de uso de la fuerza de manera desmedida”, recalcó.
Vargas añade que las prácticas viciadas ya se dan desde la academia policial, donde los aspirantes recurren a coimas y a otro tipo de trampas para llegar al objetivo del ingreso.
Los agentes, sobre todo los suboficiales que trabajan en las calles, deberían tener una mejor formación, según la abogada, y también un mayor nivel de entrenamiento para evitar más muertes por casos de gatillo fácil.
Según el Manual del Uso de la Fuerza de la Policía, los agentes no pueden realizar tiros de advertencia ni disparos intimidatorios; un uniformado no debe disparar cuando hay riesgo inminente para terceros, ni utilizar el arma de fuego como primera opción.