Por Sarah Ortiz - sarah-ortiz@uhora.com.py
La nueva adquisición del Congreso resultó ser más que nada toda una contribución para la crítica popular, que no tardó en manifestarse en las redes sociales.
Desde invitaciones vía Facebook para ir a tocar el nuevo piano de cola, hasta grandes indignaciones en no más de 140 caracteres.
La gente se mostró ofendida, aunque no faltaron los que, como ganado a ser sacrificado, tomaron la noticia sin mucho análisis con un “y así son las cosas”.
En tiempos de reflexión como son los primeros días de los 360 y tantos que nos esperan en este 2013, cuyos primeros días ya han pasado, pienso que aparte de la cuestión de que el costo pagado por la compra del objeto en cuestión superaba en un cien por ciento el costo real (los chicos sí hicieron su tarea, investigaron), está el asunto mismo de ¿qué necesidad imperiosa nos llevó a adquirir dicho artefacto en medio de tantas carencias?
¿Necesitamos detallar los asuntos necesarios inmediatos y los otros tan urgentes también y que quizá nos lleve años de trabajo social, cultural y educativo para resolver?
Por citar algunos, vale la pena uno que es muy común y cotidiano: el dengue, “nuestra plaga"; la curva ascendente, que muestra un incremento casi duplicado de años anteriores de los casos de infestados, asusta y es alarmante.
Es evidente que necesita un enfoque más efectivo que el tomado anteriormente, porque aparentemente no es ni será la solución.
Y ni hablar de las otras plagas que sufre el país, que son muchas: la violencia contra la mujer, un problema social nuestro y de la región, es otra enfermedad que debe ser estudiada y en la que hay que centrar la atención.
Para seguir citando, el listado incluye la violencia, la falta de seguridad, las aguas contaminadas de nuestros ríos y arroyos, y un sinfín de temas que fueron el tópico de tantos artículos de nuestros periódicos este año y el que pasó.
Si quieren hacernos un regalo, podrían dejar de vendernos calcomanías, sueños de mentira y estrategias de gobierno.
Comprar un piano y creer que instantáneamente seremos un pueblo educado y culto, está tan lejos de la realidad como lo están los que nos administran. Como lo están esos que decidieron comprar un piano de 241.000 dólares americanos.