Federico Franco redobló su apuesta en su arremetida contra el Gobierno del que forma parte y el lunes le cantó las 40 a Fernando Lugo como nunca antes. Le reclamó desde los escándalos de paternidad, los desaciertos de su gestión, hasta sospechas de corrupción. El Consejo de Ministros cerró filas en torno al presidente y algunos le acusaron de poner en riesgo la gobernabilidad, un eufemismo de golpista.
Que Franco critique al Gobierno no es nuevo, aquí lo llamativo es que está forzando una ruptura más profunda. Y aunque no disimule sus ganas de asumir el sillón presidencial, queda por saber hasta qué punto pondrá en jaque a esta alianza que tuvo la visión estratégica de tumbar al coloradismo, pero que no logra aún construir un poder homogéneo para concretar el cambio.
EL CASO ARGENTINO. Las crisis políticas del vecino país son muy similares al Paraguay. Hasta la tragicomedia de sus vicepresidentes.
En el 2000 la noticia en Argentina fue el repentino portazo de Carlos Chacho Álvarez, quien renunció a la vicepresidencia generando una crisis política en el gobierno. Junto al radical Fernando de la Rúa y de la mano de una alianza electoral (UCR/Frepaso), habían ganado las elecciones en 1999. Con 11 meses en el poder, renunció en el 2000 alegando diferencias irreconciliables con De la Rúa. En su renuncia decía que tomó la decisión “para poder decir con libertad lo que pienso. Y al mismo tiempo para no perjudicar al presidente ni alterar la vida institucional”. Se fue y se llamó a silencio por cinco años, hasta que Néstor Kirchner lo resucitó para un cargo en el Mercosur.
Su salida fue un presagio apocalíptico. De la Rúa dejó el poder en el 2001 en medio de una crisis económica y una explosión social sin precedentes. Su mandato recién fenecía en el 2003.
Hoy la vida política de los argentinos está agitada por las relaciones entre la presidenta Cristina Kirchner y su vicepresidente Luis Cobos, casualmente también fruto de una alianza electoral entre el Partido Justicialista (peronismo) y la UCR. De modos más elegantes pero de posiciones más firmes pero sin arriesgar la institucionalidad, Cobos marcó distancia con la presidenta cuando votó contra el impuesto al campo.
A partir de allí, las relaciones entre ambos son de mera cortesía.
En Paraguay, la institución de la Vicepresidencia es sinónimo de inestabilidad. Con algunos matices, desde Ángel Seifart hasta Franco, ninguno quedó en el discreto segundo lugar, tal como le asigna la Constitución. Aunque de todos, Federico es el más impaciente y el que más fogonea contra su propio gobierno.
TIEMPO DE REACOMODO. Aparte de ser una semana candente en materia de crispación política, Lugo dio pasos claves para reordenar su vida privada y política.
Con acuerdos bajo la mesa, está blanqueando sus escándalos de paternidad.
En materia política, hubo dos hechos claves: el encuentro con los empresarios en Mburuvicha Róga. La elegante cena de fin de año sirvió para aclarar conceptos ideológicos y objetivos políticos. Los empresarios salieron más tranquilos aunque insatisfechos. Esperan señales más claras del Gobierno.
La visita del enviado de Barack Obama fue un espaldarazo para Lugo. Arturo Valenzuela, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Latinoamericanos, dijo que aquí: “hay inseguridad jurídica”, pero no causó el mínimo efecto, contrariamente a la Argentina, donde desató una crisis diplomática.
Tal vez porque estamos tan acostumbrados a que nos tilden de lo peor. Pero aquí nadie se inmutó ni tomó el teléfono para quejarse ante Hillary Clinton.
Valenzuela, en reunión con parlamentarios, dejó un consejo con sabor a mensaje de la Casa Blanca: no conviene el juicio político.
Con un día de diferencia, el general Douglas Fraser, jefe del poderoso Comando Sur, se reunió con la cúpula militar y en tono amigable dijo que no ven ningún conflicto convencional con ningún país de la región, o entre países de la región. Pero apuntó contra Venezuela aludiendo a su “excesiva compra de armas”.
Fue una semana de candente conflicto entre el presidente y el vicepresidente. Por los resultados, Lugo ha ganado la pulseada. Con el apoyo de EEUU, empresarios y hasta el mismo Luis Castiglioni que aclaró que no apoyará ningún juicio político “caprichoso y prepotente”, desilusionando a quienes ya se frotaban las manos por su “giro”.
Lugo está poniendo las barbas en remojo. Está por verse si Federico hará lo mismo. La pregunta es si seguirá con su política de tirar bombas; o se arrinconará en la Vicepresidencia; o renunciará al cargo, o dejará el permanente cháke! para asumir con todas las consecuencias la campaña de juicio político.
Un panorama con final abierto.