Foto: Javier Valdez
Dicen que tiene vida, y que cuanto más se usa, más brillo adquiere. El kimono es hoy una indumentaria que solo se utiliza en ocasiones especiales, pero apenas uno lo ve, la conexión con el Japón es inmediata. La tradición, sin embargo, puede dejar lugar a las innovaciones allí donde los inmigrantes mezclan sus costumbres con las del país que los recibió. La ocasión de exhibir la tradicional prenda nipona se presentó durante la reciente realización del Kimono Show que, bajo el lema Belleza tradicional y hospitalidad en pasarela, mostró 60 modelos de la vestimenta que se conservan en Paraguay, en homenaje a quienes hace 80 años formaron parte de la primera inmigración a nuestro país.
Hilo que une
En el desfile homenaje se mostró como novedad un kimono con motivos de ñandutí enviado desde Japón por Mie Elena Iwatani, una nikkei que enseña y difunde este arte en el Lejano Oriente.
La delicadeza de las vestimentas y los detalles que las decoran muestran una rara belleza que produce emociones encontradas, al observar cómo se combinan con armonía y elegancia dos elementos pertenecientes a realidades culturales tan distintas que tienen sus orígenes en extremos opuestos del globo.
Entre las prendas en exposición también se pudo apreciar el trabajo de Yuki Wagata, Kimono con ñandutí, otro ejemplo de la fusión de las culturas japonesa y paraguaya y de cómo se pueden sintetizar en una prenda elementos característicos de ambos mundos.
“Es la primera vez que se hace una muestra de esta envergadura, porque tenemos la suerte de contar en forma temporal con una profesora y profesional en el arte de vestir kimonos, la sensei Eiko Fujimoto, quien fue por más de 20 años directora de la sede en Utsunomiya de Sai Kimono Gakuin”, explica Cristina Matsumiya, paraguaya de ascendencia japonesa.
Fujimoto no solo dirigió uno de los más prestigiosos institutos que enseñan el arte de vestir el kimono, sino que posee mucha experiencia en la organización de shows. Es que calzarse esta prenda no es sencillo y los conocimientos de la sensei fueron absorbidos por una veintena de alumnas que aprovecharon su estadía para aprender este arte.
La experta se encarga de difundir los secretos de esta tradición japonesa en su país y en otros lugares del mundo. Su opinión sobre la utilización del ñandutí en el kimono tiene el peso de la palabra de una autoridad en la materia.
Y si bien puede sorprender a algunos, Fujimoto tiene una visión conciliadora sobre la fusión y considera positivo que se incorporen detalles del apreciado tejido paraguayo a la prenda tradicional nipona, porque piensa que a los nikkei les puede resultar mucho más familiar si se integran elementos de la cultura del país en el que nacieron.
Tan de acuerdo —y comprometida— con esta amalgama cultural está Fujimoto, que fue la encargada de ir aplicando el tejido paraguayo sobre la indumentaria hecha por Iwatani —que ilustra nuestra producción— hasta encontrar la mejor disposición decorativa.
La opinión autorizada de la sensei está avalada por su profundo conocimiento de la tradición japonesa, y el hecho de haber visitado nuestro país no solo fue una oportunidad para difundir sus enseñanzas, sino que también significó su bendición a la amalgama de las dos culturas.
Para la memoria
Cristina Matsumiya señala que el kimono es la vestimenta tradicional japonesa, y que fue una prenda de uso común hasta los primeros años de la posguerra. El nombre proviene del término japonés “ki” que a su vez deriva del verbo “kirú” (vestir o llevar puesto, en castellano) y “monó”, que significa “cosa” en nuestro idioma.
El kimono fue introducido en el Japón durante la Alta Edad Media, alrededor del siglo V, desde la China. Antiguamente se confeccionaba con un material rústico, pero cuando la seda fue introducida en las islas, la vestimenta se transformó en un traje suntuoso.
Hay diversos modelos de kimono y varían según la ocasión en la que se visten, o de acuerdo al sexo y la edad de quien los lleva. Hay unos 15 tipos diferentes para las mujeres, mientras que las prendas masculinas suelen ser más simples en diseño y colorido. En el caso de los hombres, la parte inferior, hakama, es un pantalón holgado para permitir mayor libertad de movimientos, de modo que pudiera ser usado en la antigüedad para cabalgar y combatir, y actualmente en artes marciales.
Para sus dueños, tener un kimono es motivo de orgullo y mostrarlo es abrir una ventana a una antigua cultura y a sus mejores valores.
“Los nikkei queremos introducirnos en el conocimiento de este tipo de atuendo y compartir eso con el público paraguayo. Creemos que esto va a revivir muchas memorias de la gente mayor que poco antes de la guerra dejó de usar las prendas tradicionales y las cambió por las occidentales”, agrega Matsumiya.
Los kimonos de la muestra fueron adquiridos por sus propietarios actuales en Japón, o les fueron regalados o heredados. Hoy todavía se utilizan en ceremonias de té, de ikebana, de 20 años —que para los japoneses es el momento de la mayoría de edad—, Año Nuevo y en otros momentos específicos y especiales.
Un momento significativo e ideal para exhibir estas prendas tradicionales es la celebración de los 80 años de presencia en Paraguay de los inmigrantes japoneses y sus descendientes. Es que para festejar una fecha importante hay que vestirse bien.