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Una mirada misericordiosa

 

Hoy meditamos el Evangelio según san Marcos 7,31-37. En el Evangelio de hoy, meditamos sobre la mirada misericordiosa de Jesús y sobre su influencia en nuestra propia vida. La primera lectura del domingo es del libro de Isaías. En el texto se dice “Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Viene en persona y os salva… entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán… porque han brotado aguas en el desierto (Is 35, 4-7).

Estas palabras de la Escritura se cumplen en plenitud con Jesús. Él es quien cumple lo anunciado, de Él hablaron los profetas, es Él quien hace oír a los sordos y ver a los ciegos.

En nuestra vida, Jesús también hace milagros. Muchas veces, no serán milagros exteriores sino interiores. Meditemos un momento sobre cómo Jesús acude en ayuda de las personas necesitadas.

Jesús siempre mira con misericordia al que lo necesita. Jesús mira con amor a toda persona que sufre: el que no entiende una circunstancia de su vida, el que sufre por algo que le parece una injusticia, el que se siente desolado por el devenir de su vida, etc… A las personas que sufren, la respuesta de Dios es una mirada misericordiosa.

A san Josemaría le gustaba considerar como todas las maravillas del mundo no son nada si se comparan con el amor de Dios: "¿No seremos nosotros capaces de removernos ante ese inmenso amor de Dios?”

Dios realiza grandes cosas en nuestra vida. Los que son curados en el pasaje del Evangelio que desoyen la petición de Dios de no difundirlo se dan perfecta cuenta de esto. En cambio nosotros podemos no darnos cuenta de las grandes maravillas del amor de Dios en nuestra vida.

Procuremos imitar esta actitud misericordiosa de Jesús, esta actitud para ayudar a todas las personas necesitadas. El papa Francisco lo denomina “la cultura del encuentro”. Salir al encuentro de las necesidades de los demás, escuchar al que lo necesita, acompañar al que está solo. El principal obstáculo es nuestro propio egoísmo, mirarnos a nosotros mismos y no percibir las necesidades de los demás. Por eso, no debemos excluir a nadie, no debemos juzgar a nadie.

Pidamos al Señor tener su mirada misericordiosa para poder ayudar siempre a las personas necesitadas que tenemos a nuestro alrededor.

El Papa Francisco en ocasión de la celebración del Ángelus hace unos años reflexionó: …“ este Evangelio nos habla también de nosotros: a menudo nosotros estamos replegados y encerrados en nosotros mismos, y creamos muchas islas inaccesibles e inhóspitas… Y esto no es de Dios. Esto es nuestro, es nuestro pecado.

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