Por Noelia Duarte y Édgar Medina
CIUDAD DEL ESTE
La influencia de las comunidades extranjeras en la frontera es bastante marcada, principalmente en los distritos del norte y del sur del Alto Paraná, donde están afincados los migrantes que llegaron desde varias regiones del Brasil en los años 70 y 80.
La emigración de brasileños a esta zona no fue un fenómeno aislado, sino que estuvo relacionada con los cambios en los patrones migratorios de la región, con el proyecto de desarrollo fronterizo impulsado por Paraguay y las disputas geopolíticas entre Brasil y Argentina, refieren Marcial Riquelme y Ramón Fogel en el libro Enclave sojero.
Los brasileños trajeron sus valijas y también su cultura que hoy 30 años después se refleja en los detalles de las ciudades, por ejemplo, en la cartelería de locales comerciales que generalmente están escritos en portugués o portuñol (una mezcla de español y portugués). Así como en los nombres que le dan al churrasco o asado, cocinado en sus más variadas versiones que ya se vuelve tradición en cada distrito.
Se estima que alrededor de 100.000 personas nacidas en el Brasil residen en Paraguay. En la actualidad existen segundas y hasta terceras generaciones de descendientes de brasileños que llegaron en los 70.
Aunque los jefes comunales del norte y del sur de Alto Paraná indiquen que de a poco los inmigrantes se van adecuando a las leyes nacionales, algunos locales comerciales todavía conservan sus carteles publicitarios en portugués.
El sociólogo José Nicolás Morínigo asegura que la influencia marcada de brasileños en la frontera tiene sus bases económicas. “Cuando el poder económico de los brasileños se vuelve dominante, entonces evidentemente también predominan las maneras de hablar y comportarse, típicos de la sociedad brasileña”, explica.
En Santa Rita, al sur de Ciudad del Este, el intendente Concepción Rodríguez, alias Rodriguinho, dice que cuando los comerciantes van a renovar la patente comercial se les solicita que cambien la cartelería al español, para cumplir con sus compromisos tributarios. “La gente se adecua a las leyes nacionales, les hacemos entender que deben utilizar nuestro idioma, esa es la política”.
En el interior del Alto Paraná, se pueden ver los letreros que dicen lanchonete en vez de copetín, alugel en lugar de alquileres o enxoval por ajuar. En Santa Rita disminuyó el número de carteles en portugués y los nombres de las avenidas también recuerdan a fechas históricas paraguayas, salvo la doble avenida Los Migrantes, una de las más conocidas.
La conservación de las costumbres también se refleja en el momento de sentarse a saborear un manjar. Los brasiguayos tienen sus fiestas tradicionales que identifican a cada distrito con influencia brasiguaya y el arte culinario especializado para la cocción de un sabroso churrasco.
Es así que en Naranjal se realiza la fiesta del Costelao, mientras que en San Alberto se celebra la Fiesta del Cupín, que es el cebú de la res. En Iruña se hace la competencia de tractores tuneados llamada Arrancadao, única en el país, y en Santa Rosa del Monday se cocina el cerdo a la pururuca.
A pesar de estar tan arraigadas estas costumbres, Morínigo, antiguo propulsor de la Ley de Defensa fronteriza, subraya la necesidad de hacer cumplir la norma que regula el acceso a tierras a extranjeros en la frontera, como lo hace el mismo Brasil. “Los brasileños están ya no solo en Alto Paraná y Amambay. A corto plazo vamos a estar preocupados por Caaguazú, Caacupé y hasta por San Lorenzo”.