18 may. 2026

¿Una maldición o una bendición?

Por Gustavo A. Olmedo B.

En la vida hay dos formas básicas de mirar o enfrentar la realidad: con esperanza o con pesimismo. Ambas posturas, en el fondo, están sustentadas esencialmente en la verdad o la mentira, como todas las cosas de la vida.

En este último caso, uno puede apelar a la mentira de manera consciente, lo que sería por intereses mezquinos, deshonestidad o mentalidad inescrupulosa; o de forma inconsciente, es decir, por prejuicios, ideología radical o simple ignorancia.

Este panorama quedó en evidencia recientemente, con el nacimiento del ser humano número siete mil millones. Se trata de Danica, una niña filipina que motivó la alegría de sus padres, pero la preocupación de la sociedad y de algunas organizaciones.

Como lo advertía el Fondo de Población de la ONU (UNFPA), señalando que nacer hoy en el planeta Tierra supone tener que enfrentarse con hambrunas, enfermedades y conflictos potenciados por el calentamiento climático, la sequía y la falta de trabajo.

Sin embargo, con una mirada distinta, el presidente de la organización pro vida Population Research Institute (PRI), Steve Mosher, afirmaba: “El bebé 7.000 millones, niño o niña, blanco o negro, cobrizo o amarillo, no es un problema sino un recurso. No es una maldición, sino una bendición para todos nosotros... algo bueno para el mundo”.

Si bien es cierto que el ser humano en la actualidad -así como cada uno en su época- tiene que enfrentar graves problemas, la cuestión no pasa por culpar a la superpoblación; ello implicaría una mirada reducida frente a lo que significa la existencia y todas sus posibilidades. Además, aquí subyace una mirada negativa; es como decir que hoy es mejor que ya no nazcan más personas, porque este mundo es una calamidad, un conjunto de desgracias.

El problema del mundo no es la superpoblación sino la mala distribución de las riquezas y los recursos. No faltan alimentos; lo que faltan son naciones y políticos capaces de aplicar sistemas económicos justos y respetuosos de la dignidad humana. No hay carencia de fondos, lo que sí hay son millonarios e inmorales presupuestos destinados a la compra de armamentos y proyectos bélicos. En síntesis, el problema no son las bocas que alimentar, sino la falta de posturas humanas verdaderas, más allá de las ideologías y de los mezquinos intereses.