09 ene. 2026

UNA INFANCIA INFELIZ

Niños y niñas en la calle, responsabilidad de todos

FOTO: Obra de Carla Verónica Ascarza.

Sábado|4|JULIO|2009

sofia-massi@uhora.com.py

Juancito mira su cajita de caramelos y los cuenta... Uno, dos, tres, cuatro... Todavía le falta vender diez. Preocupado y con prisa, sube al colectivo que arranca bruscamente y casi lo arroja a la calle. Pasa debajo del molinete y ofrece sus caramelos a cada uno de los pasajeros. Unos cuantos lo miran de pie a cabeza con miedo, otros con lástima. Algunos lo ignoran y se concentran en mirar por la ventanilla o fingen estar dormidos. Sólo una persona le pasa un mil´i y le compra la golosina.

Todavía le falta vender nueve caramelos y ya son las 5 de la tarde. Está oscureciendo, hace frío y su casa queda en el kilómetro 8, Acaray, muy distante del microcentro de Ciudad del Este, que para él representa su lugar de trabajo.

Un moretón en la cara, delata su historia oculta. ¿Quién sabe lo que le espera en casa? ¿Cinco hermanitos, una madre solitaria o tal vez un padre borracho? Tal vez no quiera llegar a casa, pero tampoco creo que piense en dormir en la calle.

Él como tantos otros niños y niñas, llega cada día al microcentro de Ciudad del Este en busca de un dinerito, que le permita aportar “algo” a la casa y así seguir sobreviviendo.

Los niños y niñas en las calles de la capital del Alto Paraná son cada vez más en cantidad y menores en edad. ¿Qué les espera?

Juancito va a la escuela de mañana y de tarde va a trabajar. Apenas llega a casa del colegio, come rápido y sale corriendo a vender caramelos en el centro. Regresa cansado “del trabajo” y todavía le toca hacer la tarea. A veces, tiene días menos agitados, cuando los profesores están de huelga. El techo de su escuelita está lleno de agujeros y el camino es de tierra, por eso, en días de lluvia, también se suspenden las clases.

Hace poco le afectó una gripe. Su mamá muy preocupada, haciendo caso a lo que recomiendan en la tele, lo llevó hasta el Hospital Regional. Allí esperaron desde las 6 de la mañana hasta el mediodía, porque la pediatra de turno no les atendía. Les dijeron que estaba en una reunión.

Su mamá vio a una periodista y le pidió ayuda. Fueron junto al director del centro asistencial, y él no estaba en su oficina. Finalmente, la periodista decidió buscar a la doctora y ante la presión de la prensa, los funcionarios sanitarios decidieron intervenir para que la madre de Juancito y otras más, que también esperaban en el pasillo, fueran atendidas por la pediatra.

TODOS POR LA NIÑEZ. La historia de Juancito es sólo una de las tantas que se repiten a diario en Paraguay. Un país que no protege a sus niños, es un país que condena su futuro.

Nuestros niños y niñas son nuestro mayor tesoro, y sin embargo, muchos están hoy en la calle, limpiando vidrios, vendiendo golosinas, empanadas, medias, o todo aquello con lo que puedan recaudar algún dinero. En casos más drásticos, ellos y ellas son vendidos por sus propios familiares.

Algunos trabajan, otros sólo vagan como almas en pena por las calles, buscando algún objeto de valor o dinero que puedan cambiar por droga.

Soy consciente de que nada de lo mencionado anteriormente, es una novedad. Todos lo sabemos, convivimos con esta problemática social todos los días. Sin embargo, he ahí lo peor del caso. Convivimos hace años con esta realidad, pero nada cambia.

Algunos creen que las instituciones del Estado deben arrear a todos los niños y niñas en situación de calle y encerrarlos en un albergue. Esa no es la solución. Los niños trabajando o en otros casos, viviendo en la calle, son ya la última consecuencia de la extrema pobreza.

El desempleo, la migración, la ignorancia, la corrupción, son males que generan esta problemática social. Pero el agravante, es ese negligente enlace de inutilidad estatal e indiferencia ciudadana.

Todos los organismos del Estado deben priorizar a la Niñez y la Adolescencia, y coordinar acciones más allá de las diferencias políticas o ideológicas. La ciudadanía por su parte, debe presionar para que estas instituciones funcionen y la prensa, desde su rol de guardián, debe encargarse de no convertir a los niños y niñas en situación de calle, en una noticia gastada, sino abordar la problemática con la importancia que requiere.

Juancito hoy es un niño, mañana será un hombre. ¿Qué clase de hombre será para nuestro país?

Su infancia transcurre en la odisea diaria de sobrevivir. Nuestra responsabilidad es evitar que sus hijos tengan una niñez igual, una infancia infeliz.

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