13 jul 2026

Una hora de pantallas después de acostarse dispara el riesgo de insomnio en un 59%

Dormir es fundamental para la salud mental y física, pero muchos adultos y demasiados adolescentes no duermen lo suficiente y cada vez son más las personas que usan las pantallas en la cama, un hábito que se asocia a un sueño deficiente.

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Los investigadores exploraron la relación entre las pantallas y los patrones de sueño.

Foto: Archivo.

Hoy un estudio lo confirma: Usar una pantalla una hora en la cama eleva el riesgo de insomnio en un 59%, lo que reduce el tiempo de sueño en 24 minutos, según una encuesta realizada a 45.202 adultos jóvenes en Noruega y publicada este lunes en la revista científica Frontiers in Psychiatry.

El estudio, además, puntualiza que las redes sociales no son más perjudiciales que otras actividades frente a una pantalla.

“El tipo de actividad frente a una pantalla no parece importar tanto como el tiempo total que se pasa frente a una pantalla en la cama”, afirma Gunnhild Johnsen Hjetland, del Instituto Noruego de Salud Pública y autora principal.

Se cree que el uso de pantallas afecta al sueño de cuatro maneras: Las notificaciones perturban el sueño, el tiempo de pantalla sustituye al tiempo de sueño, las actividades de pantalla te mantienen despierto por lo que tardas más en dormirte, y la exposición a la luz retrasa los ritmos circadianos.

“Los problemas de sueño son muy frecuentes entre los estudiantes y tienen implicaciones significativas para la salud mental, el rendimiento académico y el bienestar general, pero los estudios anteriores se han centrado principalmente en los adolescentes”, explica Hjetland.

Estudio del uso de pantallas

Los investigadores quisieron explorar la relación entre las pantallas y los patrones de sueño y, para ello, usaron la encuesta de Salud y Bienestar de los Estudiantes de 2022, un estudio representativo a nivel nacional de los estudiantes noruegos (45.202 estudiantes de grados superiores a tiempo completo, de entre 18 y 28 años).

Primero pidieron a los participantes que dijeran si utilizaban pantallas después de acostarse y durante cuánto tiempo, después, les pidieron que especificasen para qué las usaban (ver series o películas, juegos, redes sociales, navegar por internet, escuchar audio como pódcasts o leer material relacionado con los estudios).

Los participantes también debían decir a qué hora se acostaban y levantaban, cuánto tardaban en dormirse, con qué frecuencia tenían problemas para conciliar el sueño o para permanecer dormidos, con qué frecuencia se sentían somnolientos durante el día y cuánto tiempo persistían sus problemas de sueño.

El insomnio se definió como problemas para dormir y somnolencia diurna al menos tres veces por semana durante al menos tres meses.

El equipo clasificó las respuestas en tres categorías: Una en la que los participantes decían que solo utilizaban las redes sociales, otra en la que los participantes no mencionaban las redes sociales y otra en la que los participantes seleccionaban varias actividades, incluidas las redes sociales.

Descubrieron que aumentar en una hora el tiempo de pantalla después de acostarse aumentaba las probabilidades de sufrir síntomas de insomnio en un 59% y reducía la duración del sueño en 24 minutos, pero el uso de las redes sociales no era más perjudicial que otras actividades frente a la pantalla.

No hubo una interacción significativa entre el tiempo dedicado al uso de una pantalla y la elección de la actividad, lo que sugiere que la actividad en sí no afectó a la cantidad de tiempo que las personas permanecieron despiertas.

Esto indica que las pantallas reducen el tiempo de sueño porque desplazan el descanso, no porque aumenten la vigilia: Se esperaría que diferentes actividades afectaran a la vigilia de manera diferente.

Los autores del estudio creen, no obstante, que dado que el estudio se centra en una sola cultura, podría haber diferencias notables en la relación entre el uso de pantallas y el sueño a nivel mundial.

Además, para comparar el uso de las redes sociales con otras actividades en pantalla, algunas actividades que podrían tener efectos diferentes sobre el sueño –como escuchar música o jugar– se agruparon en una única categoría.

“Este estudio no puede determinar la causalidad, por ejemplo, si el uso de pantallas causa insomnio o si los estudiantes con insomnio utilizan más las pantallas”, señala Hjetland, y tampoco incluyó evaluaciones fisiológicas, que “podrían aportar datos más precisos sobre los patrones de sueño”, concluye.

Fuente: EFE.

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