Los veinte cuadros, procedentes de la colección de la familia Shein, se pueden ver en la National Gallery of Art de Washington como un mapa de influencias y repercusiones de un grupo de artistas vanguardistas nacidos entre 1875 y 1890.
Imagen cedida este 16 de mayo de la obra “Paris Days...Pre-War” del artista estadounidense Marsden Hartley que puede verse en la National Gallery of Art de Washington, EE.UU. EFE | Ampliar imagen
Según precisó a Efe el comisario de la exposición, Charles Brock, la muestra sintetiza “un específico momento” en la historia del arte estadounidense y en la historia del modernismo en general.
“Son la primera oleada de artistas que trabajan en los nuevos estilos de cubismo, favismo, dada. Y son el puente de una transición desde un estilo victoriano y una cultura del siglo XIX a una cultura modernista de principios del siglo XX”, explicó.
Practicaron y promovieron estilos en Estados Unidos como el cubismo, el sincronismo, la abstracción, el expresionismo y el dadaísmo, y se constituyeron como una “verdadera vanguardia” con innovaciones que serían esenciales para el arte de los años ’50.
Sus ideas y técnicas se fundaban en el Viejo Continente, pero miraban hacia nuevos territorios artísticos que se retomarían tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Nueva York se convirtió en el epicentro cultural del mundo.
Ya en 1915 el francés Marchel Duchamp, establecido en esa ciudad, había proclamado: “Europa está acabada... Estados Unidos es el país del arte del futuro”.
No obstante, el trabajo de estos pintores sería criticado en los años ’30 y considerado irrelevante en las décadas siguientes, sobre todo por una atmósfera definida por el arte cargado de causas sociales y políticas.
“El papel crucial que estos artistas representaron es a veces olvidado, no por completo, pero es importante recordar que eran cruciales para conseguir que las ideas del modernismo emergieran en el siglo XX”, señaló el comisario.
Un siglo después, su legado sigue presente al anticipar lo que el ensayista Guy Davenport llamó la “geografía de la imaginación”, al sumergir el arte moderno en una dimensión creativa de fronteras sin explorar.
Unos descubrirían las posibilidades visionarias de la arquitectura en la pintura, como Joseph Stella, y otros en la naturaleza, como Arthur Dove, John Marin o Georgia O’Keeffe.
Su trabajo buscaría el cuerpo, como Arthur Davies y Max Weber, los objetos, como Patrick Henry Bruce y Edwin Dickinson, y el pensamiento, como Man Ray y Marcel Duchamp.
En 1913, la Exposición Internacional de Arte Moderno, conocida también como “Armory Show”, reuniría a la mayoría de ellos en un encuentro con el arte europeo, donde se reflejó hacia dónde se dirigía cada movimiento.
Los estadounidenses reivindicaron allí el valor de la expresión individual, libre de normas y de contenciones academicistas, que se vería reflejado en los artistas seleccionados por la colección Shein.
Otro de los lugares donde se fabricó esta vanguardia fue la galería “291", del fotógrafo Alfred Stieglitz, donde aparecieron artistas como Dove, Marsden Hartley, Marin y O’Keefe
Obras como “Festividades de Preguerra”, de Hartley, reivindicaban la exploración del color e “Iris Oscuro número 2" de O’Keeffe profundizarían en la espiritualidad de la naturaleza.
Mientras, los trabajos Duchamp o Ray proyectaban el dadaísmo hacia nuevos destinos, en una reflexión sobre los objetos y el pensamiento artístico.
La muestra, que se podrá ver hasta el 2 de enero, concluye con Marin y otros artistas más cercanos a la Segunda Guerra Mundial, como Charles Scheeler y Stuart Davis, que sirven como puente a movimientos como el expresionismo abstracto y el arte pop.