Por Roberto Gómez Palacios
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Las obras interpretadas por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), bajo la dirección del maestro Luis Szarán, dieron pie a que varios sentimientos afloraran entre el público por ese poder infinito que tiene la música de cambiar los estados de ánimo.
La primera en escucharse en el segundo Concierto de Abono 2007, en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane, “Siciliana”, de Verdi, abrió con expectativa la noche musical con su enérgico ritmo.
Para la segunda interpretación apareció en escena el invitado especial de la noche, el violinista italiano Lucio Degani.
Con el “Concierto para violín y orquesta”, de Maxburch, el solista se ganó la admiración de los presentes por su destaca manera de ejecución.
Con sonidos limpios que denotan el dominio de la técnica, Degano recorrió con mucho sentimiento interpretativo los tres movimientos de la obra: Allegro, Adagio y Allegro Vivace.
Aunque tiene cierto toque de melancolía, en especial en el segundo movimiento, en el tercero volvió la emoción y su despedida fue larga por los aplausos.
Pero Lucio volvió a escena en la segunda parte para interpretar “Carmen”, de Bizet, y con ello completó su conquista. El público, fascinado por su interpretación, no lo dejó ir del escenario y como “bis”, algo casi inusual en este tipo de conciertos, hizo escuchar uno de los movimientos de “Las cuatro estaciones”, de Vivaldi.
“RAPSODIA PARAGUAYA”. La obra cumbre de Remberto Giménez, interpretada en su honor al conmemorarse los 30 años de su fallecimiento, trajo aires nacionales en esa obra vivaz llamada “Rapsodia paraguaya”.
La ejecución de la orquesta fue buena, a pesar de que a algunos instrumentos de metal, de gran actuación, les faltó trabajar un poco más para que los sonidos emitidos fueran más compactos.