La mujer se había tragado alrededor de 71 cápsulas de la droga, que tenía como destino la ciudad de Asunción. “Era la primera vez que venía a Paraguay y también es la primera vez que conocí la cárcel”, cuenta Sandra, que lleva cinco años recluida en la cárcel de mujeres, de una condena de ocho años de prisión.
Yampa confesó que los primeros días en el Buen Pastor no fueron nada sencillos, porque se debía adecuar a la cultura paraguaya.
Una de las formas que encontró para salir adelante fue entrar a un curso de artesanía, que le cambió la vida. “En el año 2011 entré al curso y aprendí muy rápido. Conocí técnicas de bordados en ñandutí, croché, encaje ju, pero mi especialidad es el ao po’i”, expresa orgullosa.
Además de las camisas, que son su especialidad, Sandra se destaca en el forrado de termos, pero no del tradicional cuero, sino con bordados tradicionales. “Una camisa puede llegar a costar 150.000 guaraníes. Un termo sale alrededor de 250.000, porque tiene su trabajo y se necesita de más tiempo”, explica la mujer, para agregar luego que con el dinero que gana por la venta de los productos que aprendió a realizar, puede cubrir sus gastos básicos dentro del penal.
oficio. Cynthia Bobadilla, una de las ex reclusas que obtuvo su libertad este año, fue la maestra que le enseñó las técnicas para realizar sus trabajos, que son muy reconocidos. “A las visitas de mis compañeras les llama mucho la atención que una extranjera haga buenos trabajos en manualidades paraguayas”, precisa la entrevistada.
Debido a la calidad de sus productos, la jueza Lourdes Azcurra le otorgó permiso especial a Sandra para salir a ofrecer sus productos en dos ocasiones. La primera vez estuvo en el Palacio de Justicia, exponiendo sus trabajos; la segunda vez que salió fue para el desfile organizado por el Ministerio de Justicia, que se realizó el pasado 12 de noviembre en el hotel Guaraní.
La artesana boliviana cuenta que tiene tres hijas esperándola en La Paz y que no ve la hora de regresar junto a ellas. Con mucha tristeza indicó que ni bien llegó al Buen Pastor recibió la noticia de la muerte de la menor de sus hijas. Actualmente, le quedan una de 9 y la otra de 11 años. “Tengo la ansiedad de una madre por ver a sus hijos. No veo la hora de ir, pero cuando vaya, buscaré la forma de distribuir lo que aprendí acá para que vean que en medio de la dificultad pude aprender algo bueno”, reflexiona Yampa.
Los trabajos realizados por la presa se pueden ver en la fanpage del Facebook de Kuña Katupyry. Allí también los interesados pueden realizar los pedidos de productos.