05 jul. 2026

¿Un robot en el Everest? Nepal busca una proeza en el techo del mundo

¿Un robot en el Everest? Nepal se plantea una prueba histórica en el techo del mundo

Rasgos. Pemba es el robot humanoide que cuenta con docenas de articulaciones que le permiten realizar movimientos como caminar, mantener el equilibrio, escalar y manipular objetos.

David Gutiérrez Cisneros/EFE

Sangam Prasai

KATMANDÚ

Un robot humanoide de fabricación china que recientemente deslumbró al correr una media maratón en Pekín podría enfrentarse pronto a un reto mucho mayor: Escalar parte del Everest, en un proyecto que podría llevar tanto a la robótica como a las normativas de montañismo de Nepal a un territorio inexplorado.

La propuesta, presentada por una organización sin ánimo de lucro registrada en Estados Unidos y una empresa de expediciones nepalí, solicita permiso para desplegar un robot humanoide en la montaña más alta del mundo durante una misión de investigación destinada a comprobar cómo se comportan las máquinas avanzadas en uno de los entornos más hostiles de la Tierra.

El proyecto surgió en medio de los rápidos avances en robótica expuestos a principios de este año durante una media maratón en Pekín, cuando más de 100 equipos de robots participaron en una carrera diseñada para demostrar los últimos avances técnicos.

Entre los que más destacaron se encontraba el Unitree G1, un robot humanoide compacto cuya versión modificada es ahora el eje central de la propuesta: se llama Pemba, mide unos 1,3 metros y cuenta con docenas de articulaciones que le permiten realizar movimientos como caminar, mantener el equilibrio, escalar y manipular objetos. Está valorado en unos 80.000 dólares.

“Las montañas más altas del planeta son el banco de pruebas más exigente que existe: terreno inestable, frío extremo, comunicaciones limitadas, energía escasa. Si un humanoide funciona ahí, funciona casi en cualquier sitio”, dijo a EFE el ingeniero Pablo Berlanga, fundador de Geologic Dome, una de las empresas impulsoras.

Pemba ya hizo historia a principios de junio al coronar el volcán nevado Chimborazo, en Ecuador, convirtiéndose en el primer robot humanoide en hacer cumbre en una montaña de más de 6.000 metros, según la compañía.

CONDICIONES EXTREMAS

En el Everest se prevé que los miembros de la expedición transporten por partes el robot y lo vuelvan a montar en distintos puntos entre el campamento base, a 5.364 metros, y el campamento IV, a 7.920 metros.

Uno de los objetivos es que Pemba use sus manos mecánicas para recoger pequeños restos de basura en la montaña, donde siguen acumulándose equipos desechados, envases de comida y otros residuos a pesar de las intensas campañas de limpieza de los últimos años.

“Los lugares que más necesitamos monitorear –selvas, desiertos, alta montaña– son justo donde no hay conectividad, ni energía, ni presencia humana sostenible. Construir robots capaces de operar de forma autónoma en esos entornos es la única forma de cubrirlos a escala”, declaró Berlanga a EFE.

Sin embargo, el funcionamiento de un robot humanoide en el techo del mundo plantea enormes retos de ingeniería.

Las baterías con las que opera Pemba pueden perder su capacidad a partir de los 20 grados bajo cero, por lo que se tiene previsto usar compartimentos calefactados para las baterías; además de lubricantes diseñados para no congelarse, similares a los que se emplean en naves espaciales.

Por otro lado, el equipo está trabajando en sistemas de aprendizaje automático que permitan al robot adaptar sus movimientos en tiempo real mientras se desplaza por terrenos irregulares.

La comunicación también se vuelve un reto por encima del campamento base, donde las redes móviles convencionales desaparecen. Por lo tanto, la propuesta se basa en la conectividad por satélite a altitudes más bajas, al tiempo que permite que el robot funcione de forma autónoma a mayor altura en la montaña.

Los impulsores de la iniciativa sostienen que la tecnología podría ayudar a Nepal a abordar los retos a largo plazo en la región del Everest, entre ellos la vigilancia de las peligrosas grietas de la cascada de hielo del Khumbu, la recopilación de datos medioambientales.

Al término de la misión, los organizadores afirman que donarán el robot y la infraestructura relacionada a una institución local en la región de Khumbu.

PERMISOS PARA ROBOTS

A pesar del entusiasmo que ha suscitado la propuesta, los organizadores se han topado con un obstáculo inesperado: Nepal no cuenta con normativa que regule las expediciones robóticas ni la presencia de escaladores no humanos en el Everest.

El director del Departamento de Turismo de Nepal, Himal Gautam, explicó a EFE que el Gobierno solicitó un borrador de marco normativo que abarque cuestiones como los procedimientos operativos, los requisitos de seguridad y las tasas de los permisos.

“Como no contamos con una ley que permita a seres no humanos escalar el Everest, incluidas las normas sobre tasas, no se autorizó al robot a escalar durante la temporada de primavera. Estamos evaluando la propuesta y preparando la legislación necesaria”, afirmó Gautam.

Berlanga calcula que la expedición costará entre 200.000 y 500.000 dólares, en función del calendario y los permisos en Nepal.

Los organizadores están barajando ahora la posibilidad de realizar pruebas preliminares durante el periodo de escalada de otoño o más adelante, en invierno.

“Si se redactan las leyes, estaremos listos para probar los robots el próximo otoño (septiembre-noviembre) o invierno (diciembre-febrero de 2027)”, declaró a EFE el director de Fourteen Peaks Expedition, la empresa nepalí que promueve el proyecto, Prajjwal Acharya.

“Los lugares que más necesitamos monitorear –selvas, desiertos, alta montaña– son donde no hay conectividad ni energía ni presencia humana”.

EFE
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