05 may. 2026

Un robot científico se posó sobre un cometa por primera vez en la historia

AFP, REUTERS y EFE

Descenso.  La sonda espacial europea Philae, durante su acercamiento al cometa 67P.

Descenso. La sonda espacial europea Philae, durante su acercamiento al cometa 67P.

DARMSTADS - ALEMANIA

El robot de exploración de la sonda espacial europea Rosetta se posó ayer sobre un cometa a más de 510 millones de kilómetros de la Tierra, un hito sin precedentes en la historia de la conquista espacial.

El módulo Philae se desprendió de Rosetta como estaba previsto ayer y aterrizó unas 7 horas después sobre el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Philae “está posado en la superficie del cometa y nos está hablando”, anunciaron en una explosión de júbilo los responsables de vuelo Andrea Accomazzo y Stephan Ulamec, desde el centro de operaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Darmstadt, Alemania.

diez años de viaje. Desde el 6 de agosto y tras más de 10 años de viaje interplanetario, la sonda no tripulada europea, Rosetta, se desplaza a escasas decenas de kilómetros junto al cometa, escoltando al cuerpo celeste en su desplazamiento a medida que se aproxima al Sol. El módulo Philae, cuyo aterrizaje desencadenó una salva de aplausos en el centro espacial, permitirá explorar directamente el núcleo del cometa, es decir, la parte sólida que por el efecto de la radiación solar genera la “coma” o cabellera y deja una cola, a veces, visible de gases y polvo.

“Es un gran paso para la civilización humana”, dijo Jacques Dordain, director general del programa espacial europeo. “Somos los primeros que lo logramos –dijo– y eso quedará para siempre”.

Por su parte, la NASA consideró este logro como “el avance del momento en la exploración del Sistema Solar y un hito para la cooperación internacional”.

A la velocidad de la luz, los datos enviados a la Tierra mediante señal de radio demoran 28 minutos y 20 segundos en llegar al centro de operaciones de Darmstadt.

Preocupa anclaje. El cometa se encuentra actualmente viajando entre las órbitas de Júpiter y de Marte. Mide unos 4 kilómetros de diámetro, con una forma irregular con dos núcleos.

A causa de su tamaño reducido, el cometa apenas genera fuerza de gravedad, por lo que fue suficiente un leve impulso mecánico desde la sonda Rosetta para lanzar la operación de aproximación de Philae: 7 horas de lenta caída libre que alcanzó la velocidad de un metro por segundo (3,5 km/h) en el momento del impacto.

Repleto de instrumentos de observación, Philae carece de sistema de desplazamiento autónomo, tiene el tamaño aproximado de una heladera y pesa unos 100 kilos.

La superficie del cometa está cubierta de polvo, su temperatura es de unos 70ºC bajo cero y a pesar del aterrizaje exitoso, nada garantiza la ausencia de imprevistos.

El lugar en la superficie del cuerpo celeste escogido para posar al módulo fue bautizado Agilkia, nombre que hace referencia al Antiguo Egipto, al igual que Philae, la isla del Nilo donde estaban los jeroglíficos que permitieron descifrar la piedra de Rosetta.

Para evitar que rebotase sobre la superficie del cometa, Philae está dotado de un sistema de arpones en las patas, destinados a asegurar su anclaje inmediato. Sin embargo, existe preocupación de que los arpones de anclaje no se hayan accionado correctamente. “Hay indicios de que pueden no haberse activado, lo cual puede querer decir que estamos sobre suelo blando y que no estamos anclados”, dijo a la prensa el director de vuelo de Philae, Stephan Ulamec.