El senador colorado Alfredo Goli Stroessner acaba de hacer una brillante propuesta que ni por todos los diamantes del mundo hay que desestimar: quiere que se les dé las gracias a los torturadores Camilo Almada Morel Sapriza, Lucilo Benítez Kururu pire y Juan Martínez.
Al opinar acerca de la baja de la Policía que por fin el presidente Fernando Lugo ordenó, dijo el nieto del sanguinario dictador que “es una de las tantas ingratitudes que existen en la República”.
...Ndeeee, ¿y cuáles son las otras ingratitudes? ¿Que se haya derribado la estatua de su abuelo del cerro Lambaré? ¿Que Montanaro no tenga una ruta con su nombre, apellido y marcante? ¿Que el dictador no sea ya declarado santo o Veneráblente jepe?
A su criterio, resucitando los no olvidados clichés de La Voz del Coloradismo, Almada Morel, Benítez y Martínez son héroes que “defendieron la sacrosanta paz de la República contra la conspiración de los legionarios líbero-franco-comunistas”.
Había sido nimbo ra´e, a los que sometían a tormento a los que pensaban distinto y en algunas ocasiones hasta planeaban de verdad derrocar al Tiranosaurio - como lo llamó Augusto Roa Bastos- , hay que prenderles velas, rendirles pleitesía, hacerles caminar sobre una alfombra roja (la del coloradismo, no la de los bolches), tratarlos de riguroso usted y levantarles un monolito en Estados Unidos y Rodríguez de Francia.
Hay que celebrar la mentalidad reivindicadora - posiblemente sin parangón en 20 mil leguas a la redonda- del senador Stroessner que dice que sacarles anga el sueldo a los ejecutores de las órdenes de su abuelo el dictador Alfredo Stroessner, Montanaro, Brítez Borges y Pastor Coronel es propio de “una cacería de brujas”. Según ha´e, la Inquisición local, reiete asy, les tiene entre rejas que no son para serenata.
Por poco no dijo que los que blandían la picana eléctrica, ahogaban en la pileta “tratada” con excrementos, apretaban los testículos y empuñaban la “Constitución” (léase tejuruguái) eran monjes de comunión diaria que practicaban la purificación de los espíritus a través del dolor para ir directo al Cielo sin siquiera hacer escala en el Purgatorio. Eran más dignos de un altar antes que de una celda de la Agrupación Especializada, siempre a estar por su defensor.
Lo que dijo Alfredo Stroess-ner II es muy útil y oportuno, sin embargo. Es necesario erigirles un monumento a los torturadores - a los rostros de los tres hay que agregarles, con sus nombres, cicatrices y apellidos otros que ya salieron de la cárcel o nunca entraron o ya murieron- si es posible en todas las esquinas de Asunción y las ciudades del interior.
Así no nos olvidaremos nunca de aquellos que derramaron la sangre de miles de compatriotas e hicieron correr ríos de lágrimas de sus familiares.
La memoria colectiva tiene que condenarles a un recuerdo perpetuo.