06 ene. 2026

Un gran gladiador de la libertad, la democracia y la decencia moral

Waldino Ramón Lovera formó parte de aquellos ilustres dirigentes de la época. Fundó el Mopoco y, pese a años de exilio, persistió en su lucha por la democracia y la libertad.

Pocos líderes colorados de otras épocas dejaron un legado incorruptible y son recordados por sus enseñanzas y ejemplos. Uno de ellos es el doctor Waldino Ramón Lovera, férreo defensor de la democracia, en especial contra la tiranía de Alfredo Stroessner por más de 35 años. Integraba aquel grupo de jóvenes que honraron al Partido Colorado, dedicándose a cultivar el intelecto y a la lucha partidaria.

Trayectoria

Lovera fue dirigente y líder de la juventud colorada desde los años 40. Fue uno de los fundadores y presidente del Centro Blas Garay, una corriente que apuntaba hacia una apertura democrática impulsada por los jóvenes en 1946.

Electo en 1956 presidente del Comité de la Juventud Colorada junto con Enrique Riera y Carlos Zayas Vallejos. En el mismo año integró la Junta de Gobierno de la ANR como miembro suplente.

Sucesivos golpes de Estado fueron intercalando gobiernos colorados, llevando al país a una gran inestabilidad política. Los partidos de la oposición fueron reducidos, y dentro del coloradismo, los críticos del gobierno y de la corrupción generalizada en la administración, eran relegados del poder.

Debido a los acontecimientos políticos de finales de la década del 50, surgió el Movimiento Popular Colorado, más conocido como MOPOCO, liderado entre otros por Waldino R. Lovera, José Zacarías Arza, Enrique Riera y Ángel Florentín Peña. Waldino accedió a la presidencia del movimiento en 1960.

Con el paso del tiempo, Lovera ocupó los cargos de secretario del Juzgado en lo Civil y Comercial, más tarde fue fiscal, juez y camarista. Se desempeñó también como instructor de Derecho Procesal en la Escuela Policial. Así, llegó a ser presidente del Instituto de Bienestar Rural.

Debido a la situación de crisis, subió al poder Alfredo Stroessner, mediante un golpe de Estado, en mayo de 1954. Stroessner era un militar joven en quien varios sectores, tanto colorados como de la oposición, vieron a un hombre supuestamente sin ambiciones de poder y cuya presidencia solo sería temporal. Waldino, sin embargo, siempre tuvo sus dudas con relación a Stroessner, desde el principio; el tiempo le dio la razón.

Exilio

En 1959, asumió la presidencia del Congreso ante la ausencia de J. Eulogio Estigarribia. En la sesión del 29 de marzo se presentó la denuncia contra el jefe de policía Ramón Duarte Vera, luego de las violentas represiones a estudiantes, quienes protestaban por la subida del pasaje.

Al día siguiente, el presidente Alfredo Stroessner, con la excusa de “conflicto de poderes”, disolvió el Congreso y restableció el Estado de Sitio que había sido levantado ante el pedido de “La Nota de los 17”, de la cual Lovera fue uno de los firmantes.

El ejecutivo ordenó la persecución de todos los que habían apoyado el procesamiento contra el jefe de la policía.

Waldino fue arrestado y permaneció incomunicado en la policía. Luego fue confinado a Fuerte Olimpo junto con otros dirigentes colorados.

Tiempo después huyó a Brasil y más tarde a la Argentina, donde quedó finalmente en el destierro.

En enero de 1984, el Dr. Waldino Lovera pudo pisar al fin tierra paraguaya. Pero esto fue para empezar otro exilio; un exilio interno, un destierro de su libertad en su propio país. Lovera volvió a acoplarse a la realidad nacional, pero bajo la constante represión y observación del gobierno stronista.

Esto llegó al punto en que dos motociclistas de la policía lo seguían dondequiera que fuese. Los espías o “pyragues” de Stroessner redactaban constantemente informes sobre todas sus actividades. De nuevo sufrió encarcelamientos esporádicos, allanamientos injustificados en su domicilio, golpizas y hasta amenazas sobre sus familiares.

Ética y representatividad

Luego de la caída de Stroessner en 1989, fue electo legislador en 1990 y luego presidente del Congreso, donde renunciaría en 1991 debido a una confrontación de poderes con el entonces presidente de la República, Andrés Rodríguez.

Desde su lugar en el Congreso, Waldino Ramón Lovera advirtió sobre la crisis de representatividad que enfrentaba, ya por aquellos días, el modelo republicano. Lovera invitaba a sus colegas a reflexionar acerca de la razón por la que ocupaban aquellos sillones, para qué el pueblo los había colocado allí y qué esperaba de ellos. El pensamiento de Waldino puede perfectamente adecuarse a nuestros días, con un Congreso absolutamente deshonroso y un Partido Colorado que deja mucho que desear.

Waldino Lovera falleció el 30 de julio de 1994, un día antes de su cumpleaños a causa de complicaciones pulmonares. Y con él, toda una generación de políticos con ética y patriotismo, algo que hoy en día hace mucha falta.

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