13 ago 2026

Un festival de hiprocresía y traiciones

Por Susana Oviedo
soviedo@uhora.com.py
¡Qué tremenda confusión y particular impresión deben sentir los extranjeros que residen en nuestro país, si se detienen ante los entretelones que ofrece la política practicada aquí! Los nativos ya estamos acostumbrados.
Detengámonos solamente en el presente: hay un religioso que renunció a ser obispo, porque quiere ser presidente y gobernar el país. Convengamos en que no es un hecho muy frecuente ni en Paraguay ni en Latinoamérica, para no ir lejos.
Por estos días asistimos además a una sorprendente conversión –¿acaso vio la luz?– de un vicepresidente de la República que hasta hace pocos meses no se percataba –o si lo hacía, lo disimulaba muy bien– de que el Gobierno, del cual él forma parte, estaba lleno de corruptos, inoperantes e insensibles personajes.
Pero lo que es aún más sorprendente es que este mismo señor ha estado disputando con su ex compañero de fórmula, Nicanor Duarte Frutos, presidente de la República, la adhesión de otro hombre que forma parte del actual Gobierno: José Alberto Alderete, ex ministro de Obras Públicas y actual presidente interino del Partido Colorado.
En este momento él debe ser el político de más elevada autoestima, ya que lo quieren de su lado tanto el oficialismo como el grupo que, para mostrarse disidente, se desprendió de este sector.
¿Cuál es el mérito de Alderete? ¡Qué importa! La verdad es que no hay mucho entre quienes elegir, para completar tanto la chapa presidencial que encabezaría la ministra de Educación, Blanca Ovelar, como la que preside el vicepresidente Castiglioni.
La expectativa que produce lo que Alderete vaya a decidir, optando por una u otra, es más importante que cualquier final de la más popular telenovela. Eso sí.
El actual contexto también nos presenta a un presidente que, al igual que un niño de rabieta fácil, aparece ahora cual un “poseído” cuando se encuentra ante una multitud, en algún acto de inauguración de obras. Por cierto, ahora muy frecuentes. Así se ve a un Duarte Frutos que de cada dos frases que pronuncia, una viene llena de insultos contra Fernando Lugo, los liberales, y últimamente también contra su segundo de a bordo, Castiglioni. En realidad, la impresión que produce con esa actitud es que todavía se siente molesto porque no concretó su plan de reelección. Le reventaron el globo y encima en las encuestas el ex obispo aparece con buenas chances.
Pero el tablero político que todavía está en su etapa de reacomodos y de renovación de lealtades tiene, por otro lado, a los políticos del principal y más antiguo partido político de oposición, el Liberal Radical Auténtico, envueltos en un festival de acusaciones mutuas. Paralelamente, tratando de llevar adelante una concertación con otros movimientos sociales y organizaciones políticas, donde lógicamente los liberales se disputan para sí, de avanzar este proyecto, la candidatura única del bloque opositor. El único obstáculo es que en ese espacio también tienen a Lugo y a exponentes del Partido Patria Querida con la misma intención.
Cuando la intensidad de este festival de traiciones e hipocresía política comience a bajar, tengamos por seguro que, una vez más, se hablará de un proyecto país, de un decidido combate a la corrupción, se valorará la honestidad y, claro, también se prometerán fuentes de trabajo.
Pero todo esto, después, es solo cuestión de discursos. Ahora, es tiempo de terminar por decantar las listas de quienes seguirán con sus privilegios a costa del Estado y de quienes serán los próximos nuevos ricos del Paraguay. Así de simple.