lo que trajo el cambio
Un cuarto de siglo después, nuestra democracia fue útil exclusivamente para producir cambios en la responsabilidad administrativa del poder, que es importante, pero demostró también que los defectos de la autocracia se habían profundizado, hasta constituir parte de un cimiento asentado sobre arenas movedizas: la tradición autocrática y la concepción del bien público como si fuera un bien privado.
Desde el 3 de febrero de 1989, el acceso al gobierno del general Rodríguez se dedicó a crear las bases institucionales para un cambio de acuerdo a las formas establecidas en la Constitución y las leyes electorales. En el proceso se realizaron siete cambios de presidente, dos de ellos no pudieron terminar su mandato porque fueron destituidos utilizando el medio constitucional del juicio político, al margen de las garantías procesales también constitucionalmente reconocidas. Nos referimos a los presidentes Raúl Cubas (1998-1999) y Fernando Lugo (2008-2012). Completaron sus mandatos los presidentes: J. C. Wasmosy, N. Duarte Frutos y se encuentra en carrera H. Cartes; y terminaron cumpliendo el mandato de otros elegidos: L. González Macchi (4 años) y F. Franco (1 año y 1 mes). Este proceso democrático accidentado, sin embargo, permitió la alternancia política por la vía electoral, que pasó a constituirse en el primer caso registrado en la historia política del Paraguay, para demostrarnos que nuestra experiencia político-democrática es notablemente pobre. De una pobreza similar a nuestra pobreza social, que afecta cada vez a más personas. La pobreza debe pasar de convertirse en un objeto para ensayar discursos a un programa de políticas públicas pensadas y ejecutadas con racionalidad, honestidad y sistemáticamente.
lo que sigue esperando el cambio
Los 35 años de dictadura stronista establecieron una concepción equivocada del poder, de la acción del Estado y de la participación ciudadana. Por eso, la acción represiva del Estado toma, cada vez, mayor envergadura y quienes asumen la actividad política deben preocuparse por los derechos de los más pobres y quienes tienen influencia no pueden seguir acusando a quienes se preocupan de los menos privilegiados, como supuestos instigadores.
La posibilidad de establecer una tasa impositiva más realista en relación con la tierra es un error que muy pronto lo podemos pagar muy caro. La ausencia de la renta personal impide gravar más a los que tienen más y la utilización del impuesto al valor agregado se extiende, obligando, sobre todo, a los que tienen menos.
Un ejemplo es suficiente: ¿Sabe Usd. cuánto paga de impuesto por utilizar un transporte urbano? ¿Quiénes son los que utilizan esos transportes? ¿A quién beneficia las ganancias que genera la atención de un servicio público?
Hace 25 años la dictadura se acabó. Pensamos que con su fin se iniciaría una etapa nueva, pero lo que queda es una silenciosa continuidad con una idea nueva: dar participación en los beneficios a quienes más pueden, sin responder a las necesidades de las grandes mayorías que siguen esperando todavía en silencio. ¿Hasta cuándo?