Por Miguel Benítez @maikbenz
Semanas atrás, la empresa estatal Ferrocarriles del Paraguay SA (Fepasa) anunció que llevará adelante la “reactivación” del tren de cercanías, de Asunción a Ypacaraí. Para el efecto, se implementará un sistema totalmente nuevo. El presidente de la institución, Roberto Salinas, comentó que se espera tener listo el primer tramo ya el próximo año, debido a la urgencia de contar con otro sistema de transporte para descongestionar el caótico tráfico del aérea metropolitana. En su trayecto inicial, el tren irá desde Asunción hasta Luque.
No tardaron en venir los comentarios de elogios de parte de la mayoría de los ciudadanos, en cuyas palabras se denotaba una mezcla de esperanza y necesidad. Pero también vinieron las opiniones, más que críticas, cargadas de negatividad. Es muy típico de cierta parte de la población paraguaya (espero que sea minoría) atacar los nuevos proyectos de reforma (sea el sector que sea) y tildarlos de imposibles o utópicos, sin que siquiera se haya empezado a trabajar. Lo mismo sucedió con el metrobús o bus de tránsito rápido (BTR).
En una comparación más lejana, está ocurriendo ahora en el Mercado 4. Un grupo de trabajadores (formales, informales y oportunistas) no desean la necesaria reconversión porque dicen que perderán sus puestos. Al parecer, la precaria casilla o piecita tiene más valor que la propia vida de las personas. Y no solo de los trabajadores, sino también de los compradores y los ciudadanos que transitan por esa zona para llegar a otros destinos. El incendio del mes pasado no fue una alarma suficiente.
Volviendo al hilo, el tren eléctrico de cercanías que planifica Fepasa deberá estar integrado con el sistema del BTR y no se lo puede concebir como un servicio separado. Esta es la principal innovación del proyecto del tren, además de los vehículos a ser utilizados (Skoda tren-tram). Con esto, se prevé que un solo boleto, un pasaje, pueda ser utilizado para abordar el tren y luego hacer la conexión con el metrobús y viceversa.
Entiendo la frustración de ingenieros, técnicos y hasta políticos, que dicen que desde hace más de 10 años se anuncian proyectos para el tren y nunca se realizaron (por a o b motivo), por lo que ya no creen en cualquier nueva iniciativa. Está bien, pero con esa mentalidad nunca tendremos la reforma que precisamos. Si siempre tratamos a los proyectistas de fantasiosos, entonces ¿qué nos queda?, ¿quedarnos con el obsoleto y denigrante sistema de transporte actual?
Tal vez sea mi juventud, ingenuidad o la misma generación. Pero antes de criticar (crucificar) tan tempranamente, quiero ver manos a la obra, no poner el palo a la rueda a todo, y dejar a los técnicos realmente trabajar. Luego, nos erigiremos como contralores y podremos objetar las cosas que se hicieron mal. Pero hasta tanto eso no suceda, se debe dejar el beneficio de la duda, o mejor dicho, el “beneficio del cambio”.
Quiero cambios y para ello vale la pena la espera y hasta los malestares momentáneos que experimentemos. Como diría Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.