Editorial

Tras la emergencia, habrá que rediseñar un nuevo Paraguay

Es difícil predecir qué sucederá con la pandemia del coronavirus ni cuánto tiempo nos obligará a vivir con restricciones y medidas especiales, pero una cuestión es segura: habrá que cambiar muchas cosas en la manera de conducir el país y redefinir las prioridades para los recursos públicos. Es una oportunidad privilegiada para deshacernos de muchos lastres, recortar gastos abusivos para sectores parasitarios, invertir prioritariamente en un sistema de salud pública que beneficie a todos, replantear la visión de la economía, respaldando a rubros hasta ahora descuidados, como la producción alimentaria y la industria nacional. Tras la emergencia, habrá que rediseñar un nuevo Paraguay.

No es posible aún dimensionar con cierta precisión los tremendos efectos que las medidas restrictivas y la forzada cuarentena ante la pandemia del Covid-19 tendrán en la economía y en la actividad social y cultural de nuestro país, al igual que ocurre con las demás naciones del mundo, pero sí es seguro que ya casi nada será como antes. Muchas cosas cambiarán obligadamente y muchas otras más las deberemos asumir nosotros, a partir de las lecciones que nos deja esta crítica situación.

Resulta difícil predecir lo que sucederá con la expansión del coronavirus ni saber a ciencia cierta por cuánto tiempo esta amenaza nos obligará a vivir con restricciones y medidas especiales, pero lo que sí está perfectamente claro es que tendremos que cambiar muchas cosas en la manera de conducir el país, redefiniendo las prioridades para los recursos públicos.

Uno de los aspectos más significativos que emergen es el grave error cometido por los sucesivos gobiernos y referentes de la clase política, al haberse negado a invertir mayores recursos para construir un buen sistema de salud pública que responda a las necesidades de la mayoría. El sistema de salud pública del Paraguay es considerado uno de los más precarios y atrasados del continente.

El escritor israelí Yuval Noah Harari en una entrevista lo dice con mucha claridad: “Ahorrar dinero a corto plazo puede costarnos mucho más cuando una crisis golpea. Los países que han ahorrado dinero en los últimos años recortando los servicios de salud ahora pagarán mucho más como resultado de la epidemia”. A partir de ahora, el Paraguay debe tener como prioridad invertir lo necesario en salud pública, al igual que en educación. Lo que hasta ahora se consideraba como algo marginal o complementario, debe pasar a ser lo central, lo fundamental.

Del mismo modo, es una oportunidad privilegiada para deshacernos de muchos lastres y recortar gastos abusivos para sectores parasitarios, como los millones que se llevan del erario público los legisladores parlasurianos, sin aportar prácticamente nada.

Basta de gastos superfluos para alimentar la corrupción de la clase política. Basta de robar sumas millonarias de los recursos de Fonacide o los royalties de las hidroeléctricas. Basta de planilleros y de operadores políticos con sueldos del Estado. Basta de los operadores de un sistema de Justicia que responde a influencias políticas y que se vende al mejor postor. Basta de tantos abusos, mientras mucha gente muere por no satisfacer necesidades básicas.

En este nuevo país que habrá que rediseñar, habrá que replantear también la visión de la economía. En estos días estamos sufriendo el aumento abusivo de precios de productos como las frutas y las verduras, que se deben importar de naciones vecinas porque los campesinos paraguayos productores de alimentos no tienen el apoyo estatal necesario para poder cultivar y abastecer al mercado interno. Es tiempo de que rubros como la producción alimentaria y la industria nacional tengan el respaldo que hoy tienen otros rubros de exportación agropecuaria a gran escala.

Tras la emergencia, habrá que rediseñar un nuevo Paraguay.

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