Correo Semanal

Todo Misiones en un gran libro

La historia del Departamento de Misiones está atada a las Reducciones Jesuíticas y sella su inicio, su pasado con las dos guerras, las mal llamadas revoluciones, sus vivencias, su actualidad y los orígenes de sus familias.

Juan Emilio Escobar Schaerer del Puerto y Domingo del Puerto Gutiérrez no nacieron en Misiones, pero por lo visto fue tanta la influencia de sus antepasados misioneros que les marcaron el sentimiento por los pueblos del más allá del Tebicuary.

Durante siete años investigaron la historia jesuítica y posjesuítica del departamento; sus diez distritos; lo sufrido, como todo el país, durante las Guerras del 70 y del Chaco; las asonadas y tendal de perseguidos que escaparon al exilio por esas tierras; las vivencias en trabajos de campo en ganadería, agricultura y el comercio; las migraciones de familias correntinas y uruguayas al final de la Guerra de la Triple Alianza y tantos otros temas peculiares de la zona que produjeron un compendio de 1.100 páginas.

El extenso trabajo abre un marco referencial histórico del porqué las miradas de España y Portugal hacia las nuevas tierras de nuestro continente, el inicio de las reducciones jesuíticas desde 1609 y el dominio territorial desde el Tebicuary que cruza el Paraná hasta el Río Uruguay.

Aplica un tratamiento delicado a las organizaciones de las reducciones. Entre otras fuentes, se apoya en las cartas anuas de los sacerdotes de la Compañía de Jesús, el denominado esplendor a punto tal que al quedarse sin jesuitas, se esparcen abandonados en campos abiertos más de 700.000 cabezas de ganados vacunos. El apresurado y doloroso paso de la esplendidez a las ruinas no solamente de monumentos y otros bienes, sino –y esto es más importante aún– de los humanos, pues al ser expulsados los jesuitas (1767) miles de desconcertados indígenas abandonan sus chacras y sus animales y regresan al bosque.

Las páginas relacionadas con los antiguos caminos entre una población y otra, abren picadas de nostalgia y nos invita a detenernos en algún yvyraguy (a la sombra de un árbol) al descanso para el almuerzo y desarrollo de la imaginación de cómo habrán sido aquellos viajes de semanas y meses en tramos que hoy se hacen en pocas horas.

Se representan los viajes largos en carretas tiradas por bueyes o a caballo en lentos y aparatosos desplazamientos y noches de descanso en puestos improvisados.

Aparecen nombres de misioneros con participación en la guerra de la Triple Alianza, entre ellos, una mujer ignaciana: María del Socorro Palacios, quien regresó de Cerro Corá acompañando a Madame Lynch, luego del entierro de López. Llegó a San Ignacio Guazú en ciertos tramos a pie. Los autores dedican espacios a la heroína compatriota y dan las dos versiones controvertidas sobre su hermano Merardo Palacios, para algunos un bandolero y para otros, un auténtico héroe de la guerra.

El libro delega un ordenamiento enciclopédico con sus listas por abecedario de los excombatientes de la Guerra del Chaco por cada uno de los distritos del octavo departamento.

Son importantes las listas de jóvenes misioneros caídos en la Guerra del Chaco como los que volvieron con vida y son importantes las listas de los nativos cuyos apellidos desaparecieron por disposición del Gobierno de Carlos Antonio López.

Son importantes las listas de campesinos muertos en las represiones de las Ligas Agrarias como las listas de represores a las órdenes del Ministerio del Interior, que comienza en Abraham Cué con el tristemente célebre Tomás Salinas Mandi’o ro.

Y en honor a la sinceridad y buena intención de nuestra gente, considero creíble el relato de la vecina de Santa María, Rita Vanni:

“El tío Melí Valenzuela, viniendo de la Guerra del Chaco, que ya había terminado, pasó a pie por el Cerro Acahay donde encontró a un poblador ya de edad, quien le preguntó a dónde iba. El excombatiente respondió: A Misiones y tenía un camino muy largo, entonces el señor le mostró un caballo de mediano porte y le regaló. Galopó bajo lluvia, cruzó el Tebicuary y llegó a la loma de Santa María a abrazar a sus padres, hermanos y sobrinos”, (página 863).

La redacción sencilla y sin adjetivaciones brinda suficientes elementos de juicio. Invariablemente, los conspiradores contra el gobierno que sea, se preocupaban con prioridad de los armamentos y otras fuerzas de combate para el golpe de estado, pero no había planificación para una mejor administración del estado.

Las siguientes descripciones del doctor Rogelio Udrizar desnuda que en las mal llamadas revoluciones más bien se valoraba la brutería. “Son excelentes jinetes, y cuando un caballo era muerto, el jinete de un salto se colocaba en el anca del caballo que pasaba a su lado. Huían pegados al costado del mismo caballo, y cuando uno de ellos caía, un compañero, al pasar, lo recogía rápidamente sobre su caballo…” (pág 184).

Se infiere que no solo no se fijaba un proyecto país, más bien en la destrucción de lo poco construido. Tropas golpistas acampadas en Misiones querían llegar a Asunción, tenían la intención de dinamitar unos cuantos puentes de la vía férrea, logrando solo en partes. (pág 189).

No solo historia.

Pero Escobar y Del Puerto no se detienen solamente con la historia. Misiones y las hojas del grueso libro dan para mucho más. Diversifican los temas y los extienden como si fuese por la vastedad de sus campos. De tratamientos documentados de ciertos episodios se salta a anécdotas jocosas que amenizan la lectura.

Las tareas de la ganadería, en algunos casos casi una mezcla rara entre el trabajo duro (marcación de terneros), alternados con diversión (doma de toros) ganan páginas y páginas en el exuberante texto ilustrado con buenas fotografías.

Enorgullece recorrer las hojas del más completo y calendarizado relato de la procesión anual de Tañarandy con la creación del talentoso Koki Ruiz, su naturaleza y su sentido en San Ignacio Guazú. El orgullo crece en proporciones mayores con Santiago. Cada año muestra el corcoveo de potros salvajes en arriesgada competencia con el jinete al lomo en las renombradas fiestas de la tradición Misionera; San Juan conserva con orgulloso celo la antigua casona de Mangoré y a la salida de la ciudad extiende el sabor y olor del chorizo misionero que, con satisfacción, ve crecer en toda la región la tácita lista de ávidos consumidores; mientras que San Miguel invita al frío. Tapiza sus puestos de venta con los más coloridos tejidos de lana, de paso, invita al viajero a participar del concurrido Festival del Ovecha Rague y a llevarse una res de cordero para la parrilla o el tatakua.

Las curiosidades se alternan con las formalidades e informalidades en la vida cotidiana y también en el libro. El 27 de junio de 1893 la Junta Económica Administrativa de San Juan Bautista prohíbe la tenencia de terneros o lecheras atados bajo los corredores de las casas para permitir la libre circulación de peatones. Se instala en los campos de Santa María, procedente de Yapeyu, Manuel Trinidad y su esposa Petrona de San Martín, hermana del Libertador José de San Martín. Traen muchos esclavos negros como personal de la hacienda. En 1920 el Doctor Francia dispone la liberación paulatina de la esclavitud y la peonada adopta el apellido del dueño, Trinidad (pág 242).

Otra delicada y entusiasta polémica es tratada por los autores rigurosamente sin inclinaciones, pero con datos objetivos. Doroteo Barrios, cónsul argentino en Paso Santa María (hoy Villa Florida), tuvo como hijo a Agustín Pío Barrios. El que luego sería el gran guitarrista Mangoré, según el relato, nació en Villa Florida, pero como en aquel tiempo no existía registro oficial alguno para inscribir al niño se lo tuvo que anotar en San Juan Bautista.

En suma el compendio encara una realidad que en gran medida se sufre hasta hoy. Para muchos el interior del país no existe, para los políticos el interior del país existe durante el proselitismo. Para el libro “Misiones” el interior existe y existirá siempre en todas las circunstancias.

El libro 8vo. Departamento - Misiones será presentado el viernes 7 de octubre a las 19:00 en la Biblioteca y Archivo del Congreso, Río Ypané y Río Aquidabán. (Hacia la Costanera José Asunción Flores) El texto es una edición de Fondec y cuenta con el apoyo de la EBY.

Yiyo Riveros

Periodista

Dejá tu comentario