Las edificaciones antiguas en medio de serranías y sus angostas calles, donde pasean los carros tirados por caballos, permiten dar a los visitantes la impresión de estar viviendo en la época colonial. Esta es la característica de Tiradentes, del Estado de Minas Gerais, Brasil, donde su conjunto arquitectónico es mudo testigo de las duras etapas vividas en el sitio que hoy es potencial destino turístico de Sudamérica.
La crisis económica comenzó con la escasez de la explotación de oro en la zona. Inició en el siglo XIX y se extendió hasta 1970, comentó Dalton Vale Cipriani, guía de turismo. La industrialización de las ciudades vecinas, como San Juan y Barbacena, incentivó a la mayoría de la población a emigrar hacia dichos lugares.
“Tiradentes comenzó recién a ser valorada en los años 70, 80 y 90 con la llegada de artistas e intelectuales que empezaron a dar importancia al conjunto arquitectónico que poseían”, relató el guía. Agregó que los servicios básicos como educación y salud fueron fomentados recién a finales de los años 80.
En la actualidad, el centro histórico es protegido por el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional. Además de las casas coloniales –que en su mayoría poseen techos policromados–, museos y capillas, uno de los principales atractivos es la Iglesia Matriz de San Antonio.
El templo barroco está situado en una considerable altura y ofrece una vista privilegiada. Desde allí se puede apreciar tanto las serranías como gran parte del acervo histórico. La fachada del templo es imponente y su interior lo es aún más. Se estima que fueron utilizadas en la construcción cerca de 450 kg de oro dentro de la iglesia.
En la mayoría de las casas funcionan como tiendas de artesanías, restaurantes y hospedajes. La zona también es escenario para filmes de películas y novelas. Además de festivales gastronómicos y cine. Solo en los meses de julio y agosto, cuando se realizan dichos eventos, se registra una afluencia de 120.000 personas, según el guía.
Nombre. Antiguamente la ciudad minera se llamaba São José. Posteriormente, su nombre fue cambiado por Tiradentes (saca muelas), en homenaje al odontólogo Joaquim José da Silva Xavier, a quien se lo conocía con esa denominación. Al hombre se lo recuerda como mártir de la conspiración minera, en 1789, ya que murió luchando contra la monarquía.
Pobladores. Son pocos los habitantes nativos que quedan en el centro histórico. Vale Cipriani indicó que esto se debe a que si bien existe apoyo de empresas para restauraciones, el mantenimiento de las casas coloniales es en gran medida responsabilidad de las familias y muchos moradores no cuentan con recursos suficientes para sostener la edificación que terminan siendo adquiridas por personas de otros sitios. En el 2008 fueron censados 52 pobladores, hoy se estima que son mucho menos. Sin embargo, el mágico lugar, propicio para capturar las más hermosas postales, incentiva a que el movimiento turístico no pare.
Tras la valoración del casco histórico, el lugar es escenario para filme de novelas y películas. Dalton Vale Cipriani, guía de turismo.