12 abr. 2026

Tiempos de gloria para Britney Spears

Madrid, 28 ago (EFE).- A sus 34 años Britney Spears puede decir ya que la mitad de su vida la ha disfrutado entre laureles, ungida como la “princesa del pop”, título que no parece dispuesta a perder habida cuenta del momento, uno de los mejores de su carrera, y de su nuevo álbum, “Glory”, quizás el más sofisticado de sus trabajos.

La cantante Britney Spears llega a la alfombra roja de la 32 edición de los MTV Video Music Awards en el teatro de los Ángeles, California. EFE/Archivo

La cantante Britney Spears llega a la alfombra roja de la 32 edición de los MTV Video Music Awards en el teatro de los Ángeles, California. EFE/Archivo

Los próximos días determinarán si el público también conviene en que este es hasta la fecha el mejor disco de Spears, que afronta hoy su puesta de largo con una actuación en los Video Music Awards de la cadena MTV, los mismos galardones que en el pasado le reportaron tantas noches de gloria.

Este trabajo llega cuando más urgente parecía la necesidad de un álbum que la resarciera, si no comercialmente, al menos en cuestión de credibilidad del resbalón que supuso el previo “Britney Jean” (2013, del que aún así extrajo el pegadizo “Work bitch”) y del permanente acoso a su posición, en un género muy fugaz que no deja de alumbrar, encumbrar y derribar divas.

Tras aquel disco fallido, Spears inició una residencia en Las Vegas con el espectáculo “Piece of Me”, que, según medios locales y a pesar de que su querencia por el “playback”, habría impulsado los beneficios anuales de la cadena hotelera que lo alberga hasta los 20 millones de dólares (18 millones de euros).

Fichó por dos años y finalmente serán tres los que allí complete.

Podría ser porque la intérprete de “Oops! I did it again” haya alcanzado ya la categoría de icono, como constata el galardón honorífico que se le concedió en los últimos premios Billboard, los de la publicación musical más importante de su país, en reconocimiento a los más de 100 millones de copias vendidas de sus discos, 34 de ellos en Estados Unidos.

Ahí está también el “biopic” (película biográfica) que prepara una cadena de la televisión estadounidense, “Britney”, en la que la joven Natasha Bassett protagonizará la “tumultuosa verdadera historia” de su ascenso a la fama, su durísima caída y su posterior resurrección.

Esta Marilyn Monroe musical del siglo XXI, aparente títere de la industria y reencarnación de la rubia despistada de personalidad quebradiza que invita a la sobreprotección, fraguó su trilogía dorada con los álbumes “Blackout” (2007), “Circus” (2008) y “Femme Fatale” (2011), los que coincidieron con ese descenso a los infiernos y posterior rehabilitación.

En “Glory” podría haber encontrado una horma a la medida de esos discos, incluso superior a juicio de los especialistas, que le han otorgado un notable alto y que han destacado que este es un álbum que retoma el buen camino y que se disfruta en su conjunto.

Eso sí, con la posible salvedad de “Clumsy”, situado en el ecuador del repertorio, no parece que el álbum contenga un “hit” meteórico a la altura de "...Baby One More Time” o “Toxic”, pero sí afianzará una evolución a la que ni la mismísima Madonna pudo sustraerse.

Que Britney no estaba dispuesta a apostar por la vía más evidente quedó patente con la apuesta por “Make me” como primer sencillo, un tema que arranca como una balada y crece hasta el medio tiempo, pero sin llegar a romper nunca, manteniéndose en las coordenadas de la sensualidad etérea y ensoñadora.

Del mismo modo se abre el disco, con el hipnótico “Invitation” y su apuesta por las bajas pulsaciones y el minimalismo, que se repite de nuevo en “Just luv me”, en una pauta aparentemente heredada de los últimos discos de Justin Bieber o Selena Gómez, con elementos propios suficientes como para no caer en la copia impostada (no en vano, ella asentó parte de ese tono susurrado en “Everytime”).

Estos cortes de bajas pulsaciones se combinan con el dance-pop de otros más bailables como su segundo sencillo, “Do You Wanna Come Over?” y sus ligeros tañidos flamencos, y temas lúdicos o tontorrones como “Private show” o el citado “Clumsy”, fusión de estas dos líneas y gran placer culpable del disco a la hora de lanzarse a la pista.

Como curiosidades, en el repertorio cabe una referencia a la Penélope Cruz de “Blow”, la muletilla en español de “Change your mind (no seas cortés)” y la canción íntegramente en francés que cierra el álbum, “Coupure Électrique”.

Javier Herrero

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