28 abr. 2026

¿Tiempo de vals?

Por Carolina Cuenca – ccuenca@uhora.com.py

Cuando describen el tiempo suelen llamarlo implacable, inexorable. Quizás por eso de que el paso del tiempo nos interroga y no podemos controlarlo a nuestro antojo.

La vida humana mide su estadía terrena con el tiempo y, dado lo valiosa que es, su medida cobra mucho significado para nuestra cultura. Cada cosa siempre ha tenido su tiempo. Ahora que una de mis hijas cumplió 15 años hemos estado analizando en casa el alcance cultural de esta celebración y, por supuesto, hemos caído en la cuenta de cómo encaramos hoy el paso del tiempo.

Por un lado, hemos sentido la presión social por el “cómo”, la forma de la celebración, ya que este momento de la vida es muy celebrado en la cultura tradicional y muy comercializado en la actual. Todo apunta a brindar una emoción hasta empalagosa al “momento” y “perpetuar” los instantes que no podremos retener, sino apenas recordar. Pero esto, llevado a su dimensión más material y exterior, se convierte en una trampa. El antídoto en el fondo está aquí y es muy paraguayo: la sencillez.

Antes, según cuentan, los varones usaban el pantalón largo solo después de los 15. Como los niños tenían su espacio y sus conversaciones diferentes a los de los adultos, cumplir 15 era una verdadera introducción a la vida adulta. También el celo por la pureza tenía su momento de manifestación especial en los 15 de las niñas, quienes, con vestido blanco y fiesta de por medio, anunciaban a ritmo de vals su buena disposición para el cortejo y la vida social que las llevarían al matrimonio y a la maternidad con bases seguras.

Pero hoy los tiempos se manejan más antojadizamente, la niñez se acorta y la adolescencia se adelanta, los mensajes hedonistas y la manipulación están a la orden del día e incluso la medida de la vida parece apuntar más a la intensidad que a la extensión. Aquí la familia, sobre todo mamá y papá, es la clave de la contención. Si los chicos nos encuentran sumidos en la moda y sumisos a la mentalidad dominante, es difícil que puedan recibir algo educativo de esta experiencia.

Para no caer en la trampa de las apariencias y la superficialidad que le roban sentido a lo humano, hemos tratado de considerar todos los factores de la realidad en este trance: el corporal, el sicológico, el social, el cultural, el trascendente. ¿Cómo despertar de la anestesia consumista sin caer en el pesimismo excesivo de los que ya no esperan nada bueno de la vida?

Hemos rescatado dos elementos para salir a flote: partir del yo, del deseo de felicidad que nos inspira a no caer en un fatalismo triste, y el sentido religioso, que con sus preguntas sobre el sentido de las cosas nos humaniza en cada gesto y esto da alegría.