Por Natalia Ferreira Barbosa / Foto: Fernando Franceschelli.
Adentrándonos en el departamento de Alto Paraná, en el kilómetro 20 de la ciudad de Minga Guazú, sobre la ruta 7, doblamos a la izquierda y llegamos a un camino empedrado. Tras un par de vueltas, nos encontramos con el típico paisaje nacional: un sendero irregular de tierra roja —de esos que reciben un poco de lluvia y quedan intransitables— bordeado de pastizales.
Luego de recorrer tres kilómetros aproximadamente, aparece un portón de madera y un cartel al lado que dice: Reserva Natural Maharishi II. El lugar fue declarado como área silvestre protegida en el 2011 y tiene una extensión de 77 hectáreas. Nos recibe Guillermo Torres, un hombre que no debe superar los 30 años, vestido como para atravesar un bosque. Es uno de los funcionarios de Maharishi Country of World Peace SA, que se encarga de administrar la propiedad privada. La misma empresa maneja la Reserva Natural Maharishi I, ubicada en Presidente Franco, cuyo tesoro principal son los saltos del Monday.
Maharishi II no está abierta al público y aún le falta infraestructura para recibir turistas, al contrario de su reserva hermana. Pero no tiene por qué envidiarla, ya que lo que guarda en las profundidades es único: aguas termales naturales.
Propiedad en potencia
El espacio cuenta con una zona reforestada y otra boscosa. En la primera crecen unos 6.000 plantines de especies nativas y se encuentra el hogar del capataz. La timidez de Torres mientras presenta el lugar contrasta con la sociabilidad de dos criaturas que mueven la cola sin parar: se trata de Mata y Pita, dos pastores alemanes que nos acompañan hasta la fachada de ladrillo en donde se encuentran las dos piscinas.
Una de ellas tiene 30 metros de diámetro, explica Torres, y 1.50 metros de profundidad en el centro. Mientras, la que está al lado es un poco menor. Ambas están hechas de cemento. Cuesta creer que un lugar así haya estado abandonado por años. “En la década de los 80 se desarrolló el proyecto Thermas Internacional del Paraguay, que, además del usufructo de las aguas, incluía una cancha de golf, un zoológico, área para alojamientos, etcétera. El emprendimiento llegó a tener unos 3.000 asociados que visitaban el lugar, para pasear por el bosque, disfrutar de las piscinas y del servicio de comida en el Restaurante El Sombrero Mexicano. Posteriormente, el proyecto se desactivó por problemas financieros”, relata Pedro Ojeda, presidente en Paraguay de Maharishi Country of World Peace SA, cuya sede central está en Holanda.
Más tarde, en el año 2005, esta empresa adquirió la propiedad que cuenta con dos pozos, uno de 1.100 metros de profundidad y otro de 953 metros. Según Ojeda, la firma Hidrogeón se encargó de la perforación, en 1989, lo que convirtió a la propiedad en “la única del país que cuenta con dos pozos de aguas termales de una temperatura promedio de salida de entre 33 y 34° C y con un caudal de 32 metros cúbicos por hora”.
Diamante en bruto
En pleno verano, la temperatura del agua se siente como si fuera de ambiente. Quizás de noche pueda sentirse alguna diferencia, aunque es en invierno cuando puede apreciarse el vapor saliendo de la superficie.
“Los análisis físico-químicos realizados en Paraguay, Alemania y Japón muestran que estas aguas tienen importantes concentraciones de hierro, sodio, magnesio, calcio, flúor, sulfato, hidrógeno y carbono, lo que les da propiedades terapéuticas. Se las recomienda en casos de reumatismo, artritis, rehabilitación motora, laringitis, bronquitis, asma y problemas pulmonares, de estrés y otros”, afirma Ojeda.
Maharishi II tiene a su favor la presencia de las aguas termales y un bosque que la rodea, pero a la empresa le faltan recursos para convertir al lugar en un destino turístico, por lo que busca inversionistas. La intención es aprovechar la tranquilidad y la lejanía del ruido citadino para poder ofrecer en el futuro un servicio de spa, siempre cuidando la preservación del ambiente natural.