Opinión

The Cucho Show

La historia se repite dos veces, escribió Hegel, atribuyendo la idea a Marx, primero como tragedia y después como farsa. En los tiempos digitales esa certeza adquiere un novedoso ribete, pues las tragedias, sobre todo las morales, se convierten en memes para evidenciar la farsa.

Arnaldo AlegrePor Arnaldo Alegre

La caída de Cucho Cabaña como el más reciente émulo del capo colombiano Pablo Escobar desató una lluvia de memes y de humoradas de distinto gusto y calibre, que lo han transformado de un supuesto peligroso capo narco a un objeto de burlas.

Los comentarios generados en torno suyo y en especial respecto a su supuesta amante –transformada también ella de patito feo en potranca salvaje gracias a la magia del bisturí– ponen sobre el tapete ciertas preguntas necesarias: ¿Las burlas son una forma de normalizar el crimen y las estupideces de su entorno farsesco? ¿Es envidia disfrazada? ¿Es una muestra del desprecio social al crimen? ¿O es simplemente una válvula de escape de la insostenible crisis ética en la que está sumergido el país por la obscena relación entre el poder político y el tráfico de drogas?

Quizás todas las preguntas tengan una respuesta afirmativa. Y, más allá de las contradicciones que encierra, expliquen todas ellas el fenómeno.

No hay una corriente imparable de moralidad y tampoco una movilización masiva de la sociedad para exigir que se rompa el matrimonio entre la política y el narcotráfico. Además, en las zonas de mayor predominancia de este delito hay una tolerancia abierta a estos delincuentes y un respeto que disfraza el miedo o los intereses económicos que benefician a la sociedad. Quizás se trate, entonces, solo de humor.

Marx Twain hablaba de que “humor es igual a tragedia más tiempo”. El sicólogo estadounidense Peter McGraw estudió el fenómeno y confirmó la aseveración. Un equipo de la Universidad de Texas concluyó que la ciudadanía no considera gracioso hacer chistes sobre una catástrofe dentro de los 15 días en que ella se produjo. Sostienen que el pico de popularidad de los chistes se produce a 36 días después del hecho. Luego de los 100 días hablar del tema ya no es gracioso.

Los tiempos se acortan por la exposición que dan las redes sociales y la hipercomunicación. The Cucho Show puede que tenga las horas contadas y pronto pasará al arcón del olvido.

Lo que no debemos olvidar es que la narcopolítica es una de las mayores amenazas de la democracia. Si nos descuidamos, terminará riéndose de nosotros.

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