Por Esteban Aguirre Barrail - Director Ojo de Pez SA
“Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es solo información, sino también juicio, la manera en que se recoge y maneja la información” - Carl Sagan.
Últimamente la vehemencia con la cual la globalización me anda “apurando todo mal” me agobia un poco demás.
Existen momentos en que uno siente que la cantidad de información que puede manejar supera al tiempo de atención en el que puede asimilarlo.
Es algo parecido a pedirle a un embudo que “embude” mas rápido de lo que su diámetro le permite. El resultado es el mismo, el líquido (contenido) rebosa y cae al piso para desuso de todos. Bueno... algo así es lo que siento.
No crean que estoy en contra del carril rápido de la información o que me molesta la oportunidad que nos da hacer negocios pantalla a pantalla en tiempo real. Es fascinante saber que todos los días un nuevo pedacito de información va a generar esa reacción de "¡No puede ser cierto!” en todos.
El quid de la cuestión está en ¿cuánta es la cantidad justa de información que debemos (no podemos) consumir por día para seguir alimentándonos del mundo digital pero viviendo en el mundo real?
Tengo amigos con los que hablo y pareciera que están constantemente citando fuentes de información que recibieron durante el día, lo cual hace imposible mantener una conversación de un día al otro porque ya cambiaron el chip a lo “nuevo” y en vogue sin ni siquiera haber disfrutado del último tópico. También hace cada vez más difícil hablar sobre temas propios (autogenerados), el popular "¿Y vos como andás?” con tiempo para pensar sobre la respuesta y responderla con sinceridad y autocuestionamiento.
Últimamente siento que quedarme sin batería en el celular se convierte en unas minivacaciones, libre de sonidos de sms, mms, mails, Twitter, Facebook, llamadas, ere eréa. Parece que la playa se siente más cercana, parece que la conversación del mano a mano que tengo con alguien se siente más real.
La última vez que comenté algo parecido recibí un bostezo de respuesta seguido de “Aburrido lo tuyo Aguirre, viva la tecnología, abajo con las meriendas y las abuelitas”, lo cual me indica que volver a cuestionarme mi negligencia hacia mi entorno, familia, amigos, personas, ocasionada por las pantallas que me rodean, está en lo correcto.
¡Qué vivan las abuelitas!