Los alimentos han experimentado un aumento alarmante, con precios que han subido prácticamente un 60% desde octubre de 2023 hasta mayo de 2024, según datos del Banco Central del Paraguay (BCP). El fenómeno está ejerciendo una fuerte presión sobre los hogares paraguayos, especialmente, aquellos con menores ingresos, quienes destinan una parte significativa de su presupuesto a la compra de alimentos básicos.
En un artículo publicado en la revista Economía y Sociedad del Centro de Análisis y de Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), Serafini subrayó esta idea y refirió que la suba de precios de alimentos en Paraguay no es un problema de demanda, lo que significa que las políticas monetarias tradicionales no serán efectivas para reducirla.
El aumento de los precios es el resultado de una crisis estructural en la agricultura familiar, manifestada en bajos niveles de ingresos y altos índices de pobreza, indicó. “Esta crisis a su vez se debe al abandono del Estado y a la crisis climática que tampoco cuenta con políticas de mitigación”, sostuvo.
insuficiente. La experta detalló que Paraguay suele festejar su estabilidad macroeconómica y bajas cifras de inflación, pero que desde el 2015, la inflación de alimentos ha superado consistentemente la inflación general, lo que refleja una crisis alimentaria dentro del sector de la agricultura familiar que ha visto un estancamiento en los ingresos a pesar del aumento de la productividad laboral. La pandemia de COVID-19 exacerbó esta situación, dificultando aún más la reducción de la pobreza rural, añadió.
Serafini consideró que la cada vez mayor dependencia de Paraguay de las importaciones de alimentos agrava el problema, que se evidencia ante los problemas de producción interna y ejerce una presión adicional sobre el tipo de cambio (ante la salida de divisas) y contribuye a la inflación. Esta dependencia externa no solo pone en riesgo la seguridad alimentaria, sino que también afecta la soberanía alimentaria del país, indicó la economista.
Además de los impactos económicos, Verónica Serafini sostiene que la inflación de alimentos tiene consecuencias directas sobre la salud y la nutrición de la población.