30 may. 2026

Sonidos más graves incitan al baile y la ciencia busca los motivos

Los sonidos graves de muy baja frecuencia hacen que la gente baile más, en concreto un 11,8 % más, según un estudio realizado durante un concierto de música electrónica en directo.

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Los investigadores especulan que estos procesos físicos intervienen en la conexión neurológica entre la música y el movimiento.

La investigación que publica este lunes Current Biology estudió los movimientos del cuerpo durante un concierto y concluyó que cuando se introducen niveles de graves a través de altavoces demasiado bajos para escucharlos la gente bailaba más.

El autor principal del estudio, Daniel Cameron, de la Universidad McMaster (Canadá), ha centrado su carrera en los aspectos rítmicos de la música y en cómo hacen que nos movamos.

“La música es una curiosidad biológica: no nos reproduce, no nos alimenta y no nos abriga, así que ¿por qué les gusta a los humanos y por qué les gusta moverse con ella?”, señaló en un comunicado.

En la Universidad McMaster se creó un LiveLab, que conecta la ciencia con las actuaciones en directo y está equipado con un sistema de captura de movimiento en 3D y otro de sonido que puede reproducir varios entornos de concierto y altavoces mejorados para producir frecuencias tan bajas que son indetectables para el oído humano.

El equipo reclutó a participantes para asistir a un concierto del dúo de música electrónico Orphx y fueron equipados con diademas con sensores de movimiento para controlar sus movimientos de baile.

Durante los 45 minutos de concierto, los investigadores manipularon altavoces de graves muy bajos, encendiéndolos y apagándolos cada dos minutos. Descubrieron que la cantidad de movimiento era un 11,8 % mayor cuando estaban encendidos.

“Los músicos estaban entusiasmados por participar debido a su interés en esta idea de que los bajos pueden cambiar la forma en que se experimenta la música de una manera que impacta en el movimiento”, destacó Cameron.

La sensación de vibración a través del tacto y las interacciones entre el oído interno y el cerebro tienen estrechos vínculos con el sistema motor.

Los investigadores especulan que estos procesos físicos intervienen en la conexión neurológica entre la música y el movimiento. Esta anatomía puede captar las frecuencias bajas y puede afectar al movimiento espontáneo y la percepción del ritmo.

“Las frecuencias muy bajas también pueden afectar a la sensibilidad vestibular, aumentando la experiencia del movimiento de las personas. Para determinar los mecanismos cerebrales implicados habrá que estudiar los efectos de las bajas frecuencias en las vías vestibulares, táctiles y auditivas”, agregó el investigador.

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