“La región podría ahorrar USD 1.500 millones anualmente solamente con un intercambio del 13% a nivel subregional, en las zonas Andina, Central y Mercosur; y USD 2.000 millones anuales con intercambios de 29% o de un tercio a nivel regional”, indicó Gabriela Elizondo, del Banco Mundial.
Añadió que Latinoamérica tiene mucha experiencia en integración regional, y hoy es un imperativo integrarse aún más, desarrollando un sistema eléctrico resiliente y sustentable, sabiendo que los beneficios teóricos de la integración son conocidos, especialmente en las economías, generando mejores ingresos, una gestión más eficiente de la fluctuación de la oferta y demanda.
Elizondo reconoció que todavía se necesitan estándares técnicos y operacionales, pero los “ingredientes esenciales son la cooperación y el compromiso político”. Apuntó como otros retos de la integración energética a las políticas económicas, la financiación, las regulaciones y la gobernanza. “Se requiere de un compromiso político sostenido en el tiempo. Nadie quiere que el vecino envíe los electrones cuando quiere o pueda, se requiere seguridad”, aseveró, subrayando que “cuando hay problemas de integración, todo se puede resolver con más integración”.
Por su parte, el embajador Gonzalo Gutiérrez Reinel (Ecuador), secretario general de la Comunidad Andina, instó a la coordinación de reglas que permitan poner en funcionamiento el mercado y un mecanismo de solución de controversias ejecutivo y dinámico. Hizo un llamado a las multilaterales para que apoyen el desarrollo de infraestructura y el marco normativo para la integración regional.
A su turno, el viceministro Walter Verri, subsecretario del Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay, subrayó a la voluntad política como requisito para avanzar. “Somos la región que más aporta a la descarbonización; debemos invertir para tener excedentes”, agregó.