20 abr. 2026

Sin medida

Hoy meditamos el Evangelio según San Marcos 4, 21-25.

Después de haber hablado del sembrador que salió a sembrar, de la semilla que “cayó en tierra buena, y comenzó a dar fruto” y de aquella que, en cambio, cayendo en tierra dura, pedregosa y entre espinos, no dio ningún fruto, Jesús nos habla de la lámpara que se pone en el candelero y de la medida que utilizamos para medir.

Estas dos parábolas nos hablan del modo de ser cristiano: alguien que se da sin medida. Porque, en realidad, es el modo de ser, de vivir, de pensar, de actuar, de Jesucristo: Todo lo hace sin medida, abundantemente. No se reserva nada.

El cristiano ha recibido la luz de Cristo, luz que vino al mundo para disipar las tinieblas de nuestros corazones. Por eso mismo, todo cristiano es un testigo de esa luz.

Todos debemos vernos bajo esa luz: No estamos sometidos a la tiniebla de nuestras miserias, pecados, debilidades, torpezas; tampoco a la tiniebla que nos rodea en forma de enfermedad, fracasos, humillaciones, faltas de agradecimiento, olvidos, etc.

Somos hijos de la luz, los hijos amados de Dios, que nos cuida, nos salva, nos espera siempre.

Y quiere que seamos testigos de esa luz: Que, a través de nuestro cuidado, de nuestro trabajo, de nuestro saber esperar, perdonar y consolar, llevemos la luz de Dios a tantos corazones que están en tinieblas.

Y todo ello, sin medida, con magnanimidad, porque somos hijos de un Padre magnánimo.

El corazón de un cristiano es, así, un corazón abierto, que no se cierra al propio egoísmo. Es un corazón que no se pone límites.

Es un corazón que desea tener el corazón de Jesucristo, un corazón que se da sin medida.

(Frases extractadas de https://opusdei.org/es-py/gospel/2025-01-30/)

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