13 jul. 2024

Serafina Dávalos: El trágico fin de la gran luchadora feminista paraguaya

La ilustre primera mujer abogada fue despojada de sus bienes y su ex compañera la dejó morir de hambre, según una querella planteada por su sobrino. Su tumba hasta hoy no pudo ser encontrada.

Revelación.  Publicación del diario El País del 19 de octubre de 1959, en la que se describe la manera en que murió Serafina Dávalos, según su sobrino Nicasio Dávalos. Abajo: Retrato de la luchadora feminista, según el dibujante de ÚH Enzo Pertile.

Revelación. Publicación del diario El País del 19 de octubre de 1959, en la que se describe la manera en que murió Serafina Dávalos, según su sobrino Nicasio Dávalos. Abajo: Retrato de la luchadora feminista, según el dibujante de ÚH Enzo Pertile.

Andrés Colmán Gutiérrez

@andrescolman

¿Cómo se puede pelear con tanta valentía e inteligencia a favor de los derechos de las mujeres... pero no protegerse a una misma ante los prejuicios de una sociedad patriarcal e intolerante, ante la traición de alguien a quien mucho se ama?

¿Cómo se puede haber tenido una vida académica, de militancia y humanismo tan brillante... y acabar con una muerte tan oscura?

Son interrogantes que nacen ante datos hasta ahora casi desconocidos, que revelan la trágica manera en que murió Serafina Dávalos, la primera mujer abogada del Paraguay y de Sudamérica, pionera del feminismo y primera mujer miembro del Superior Tribunal de Justicia en 1908.

Crónicas publicadas entre el 18 y el 23 de octubre de 1959 en el diario El País de Asunción, descubiertas por el historiador Fabián Chamorro, cuentan detalles de una querella presentada ante la Justicia por Nicasio Adriano Dávalos, sobrino de Serafina, contra Honoria Balirán, ex secretaria y compañera sentimental de la ilustre abogada, a quien acusa de haber provocado intencionalmente la muerte de la pionera feminista, al negarle alimentos y someterla a maltratos, con el objetivo de despojarla de sus bienes.

AGONÍA. En setiembre de 1957, una mujer llegó al Sanatario Leriche, sobre Perú y Ana Díaz, en la zona del Mercado 4 de Asunción, a pedir medicamentos “para una mujer pobre, que estaba gravemente enferma”.

El médico que la atendió, Óscar Acuña Torres, se mostró intrigado y explicó que no podía recetar medicinas sin inspeccionar a la enferma. Tras insistir, la mujer aceptó llevarlo hasta una vivienda sobre la calle Rodríguez de Francia.

Al ingresar a la residencia, el médico quedó sorprendido ante lo que describió como “un cuadro macabro”.

En el interior de una habitación se hallaba una mujer de edad avanzada, “totalmente desnutrida, presa del hambre, tendida sobre un catre de lona, sin colchón, con los pies fuera de la cama”.

El doctor Acuña Torres, –quien llegó a ser presidente del Partido Revolucionario Febrerista, fallecido en el 2003–, quedó impactado al reconocer que la enferma no era otra que Serafina Dávalos. La que había ido a pedir medicamentos era Honoria Balirán, secretaria y “dama de compañía” de Serafina, pero en realidad su pareja sentimental, en una época en que las relaciones de personas del mismo sexo resultaban aún inconfesables.

Dos años después, en su declaración ante un Juzgado en Asunción, Acuña Torres contó que hizo lo posible por intentar curar a Serafina, pero el daño a su organismo estaba muy avanzado y falleció irremediablemente el 27 de setiembre de 1957.

ACUSACIÓN. El abogado Nicasio Dávalos, hijo de un hermano de Serafina, presentó querella criminal contra Honoria Balirán ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal de Asunción, a cargo del juez Ernesto Giménez, acusándola de ser autora de “la muerte lenta y horrorosa de la doctora en Derecho”.

En el relato se describe que Balirán vivía con Serafina Dávalos desde 1915, como “dama de compañía”. Nicasio afirma que la mujer empezó a ejercer sobre su tía “una influencia morbosa, encaminada a quedarse con todo lo que acumulaba de fortuna, por su gran capacidad de trabajo”.

Así la mujer logró que Serafina la nombre su heredera universal, quedándose con la propiedad del Palacete en que vivían, sobre la calle Herrera casi Tacuarí, que luego vendió al Estado y también procedió a vender los coches de la abogada y un establecimiento ganadero en Itacurubí de la Cordillera, quedándose con el importe de las ventas.

“Allí empezó el viacrucis de la doctora, que fue sometida por su secretaria, quien le negó los alimentos indispensables para su subsistencia, la castigó brutalmente en todas las ocasiones en que reclamaba alimentos, teniéndola secuestrada por largo tiempo hasta su muerte, incomunicándola para que no se entere nadie...”, relata el sobrino Nicasio Dávalos, en la querella.

SORPRESA. “No conocía los detalles de esta lúgubre historia y me da mucha pena”, dice la sicóloga Rosemary Dávalos, sobrina nieta de Serafina, quien está trabajando en rescatar y valorar la vida y obra de la gran luchadora feminista. Teme que esta revelación periodística empañe la valiosa trayectoria de Serafina, aunque las circunstancias de su muerte no pueden opacar el brillo de su vida.

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